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El libro de las mil noches y una noche von Anónimo (eBook)

  • Verlag: e-artnow
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El libro de las mil noches y una noche

Este ebook presenta 'El libro de las mil noches y una noche', con un índice dinámico y detallado. Se trata de una recopilación de cuentos y leyendas de origen hindú, árabe y persa, de los cuales no existe un texto definitivo, sino múltiples versiones. La gran mayoría de las historias son de origen desconocido pero se reconocen en ellas elementos árabes, persas, indios, chinos, hebreos, todos mezclados y aglomerados. Las historias son de historias de amores felices y de amores desgraciados, de mujeres dulces y de mujeres fatales, de hábiles comerciantes y audaces viajeros, de incautos y de sinvergüenzas, de guerreros y de poetas. Es la historia de la osada Scherezada y el Sultán Schariar, quien después de haber sido traicionado por su esposa y siendo testigo de varias infidelidades por parte de las mujeres, decreta que todos los días al atardecer se casara con una mujer diferente la cual será ejecutada la mañana siguiente. Scherezada está dispuesta a llevar a cabo un arriesgado, pero bien elaborado plan para terminar de una vez con tal barbaridad.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: watermark
    Seitenzahl: 2827
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788074842757
    Verlag: e-artnow
    Größe: 3324 kBytes
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El libro de las mil noches y una noche

HISTORIA DEL PESCADOR Y EL EFRIT

He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que había un pescador, hombre de edad avanzada, casado, con tres hijos y muy pobre. Tenía por costumbre echar las redes sólo cuatro veces al día y nada más. Un día entre los días a las doce de la mañana, fué a orillas del mar, dejó en el suelo la cesta, echó la red, y estuvo esperando hasta que llegara al fondo. Entonces juntó las cuerdas y notó que la red pesaba mucho y no podía con ella. Llevó el cabo a tierra y lo ató a un poste. Después se desnudó y entró en el mar maniobrando en torno de la red, y no paró hasta que la hubo sacado. Vistióse entonces muy alegre, y acercándose a la red encontró un borrico muerto. Al verlo exclamó desconsolado: "¡Todo el poder y la fuerza están en Alah, el Altísimo y el Omnipotente!" Luego dijo: "En verdad que este donativo de Alah es asombroso". Y recitó los siguientes versos: ¡Oh buzo, que giras ciegamente en las tinieblas de la noche y de la perdición! ¡Abandona esos penosos trabajos; la fortuna no gusta del movimiento! Sacó la red, exprimiéndole el agua, y cuando hubo acabado de exprimirla, la tendió de nuevo. Después, internándose en el agua, exclamó: "¡En el nombre de Alah!" Y arrojó la red de nuevo, aguardando que llegara al fondo. Quiso entonces sacarla, pero notó que pesaba más que antes y que estaba más adherida, por lo cual la creyó repleta de una buena pesca, y arrojándose otra vez al agua, la sacó al fin con gran trabajo, llevándola a la orilla, y encontró una tinaja enorme, llena de arena y de barro. Al verla se lamentó mucho y recitó estos versos: ¡Cesad, vicisitudes de la suerte, y apiadaos de los hombres! ¡Qué tristeza! ¡Sobre la tierra ninguna recompensa es igual al mérito ni digna del esfuerzo realizado por alcanzarla! ¡Salgo de casa a veces para buscar candorosamente la fortuna, y me enteran de que la fortuna hace mucho tiempo que murió! ¿Es así! oh fortuna! como dejas a los Sabios en la sombra, para que los necios gobiernen el mundo? Y luego, arrojando la tinaja lejos de él, pidió perdón a A lah por su momento de rebeldía y lanzó la red por vez tercera, y al sacarla la encontró llena de trozos de cacharros y vidrios. Al ver esto, recitó todavía unos versos de un poeta: ¡Oh poeta! ¡Nunca soplará hacia ti el viento de la fortuna! ¿Ignoras, hombre ingenuo, que ni tu pluma de caña ni las líneas armoniosas de la escritura han de enriquecerte jamás? Y alzando la frente al cielo, exclamó: "¡Alah! ¡Tú sabes que yo no echo la red más que cuatro veces por día, y ya van tres!" Después invocó nuevamente el nombre de Alah y lanzó la red, aguardando que tocase al fondo. Esta vez, a pesar de todos sus esfuerzos, tampoco conseguía sacarla, pues a cada tirón se enganchaba más en las rocas del fondo. Entonces dijo: "¡No hay fuerza ni poder más que en Alah!" Se desnudó, metiéndose en el agua y maniobrando alrededor de la red, hasta que la desprendió y la llevó a tierra. Al abrirla encontró un enorme jarrón de cobre dorado, lleno e intacto. La boca estaba cerrada con un plomo que ostentaba el sello de nuestro señor Soleimán, hijo de Daud (Salomón hijo de David, considerado el Señor de los efrits). El pescador se puso muy alegre al verlo, y se dijo: "He aquí un objeto que venderé en el zoco (Bazar) de los caldereros, porque bien vale sus diez dinares de oro". Intentó mover el jarrón, pero hallándolo muy pesado, se dijo para sí: "Tengo que abrirlo sin remedio; meteré en el saco lo que contenga y luego lo venderé en el zoco de los caldereros". Sacó el cuchillo y empezó a maniobrar, hasta que levantó el plomo. Entonces sacudió el jarrón, queriendo inclinarlo para verter el contenido en el suelo. Pero nada salió del vaso, aparte de una humareda que subió hasta lo azul del cielo y se extendió por la superficie de la tierra. Y el pescador no volvía de su asombro./di

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