text.skipToContent text.skipToNavigation
background-image

El dolor que nos une von Mark, David (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 10.10.2015
  • Verlag: Ediciones Siruela
eBook (ePUB)
9,99 €
inkl. gesetzl. MwSt.
Sofort per Download lieferbar

Online verfügbar

El dolor que nos une

Hay personas que harían cualquier cosa por los demás. Como Philippa Longman, una abuela de 53 años con una familia que la adora, marido, tres hijos, nietos pequeños, que solo desea llegar a casa después de su trabajo en la tienda en una noche calurosa y asfixiante. Como Roisin McAvoy, una jovencísima madre de corazón de oro, una mujer leal a su marido que protege a sus amigos con uñas y dientes. Como el sargento Aector McAvoy, un hombre obsesionado con proteger a los demás, ya sea a su familia del resto del mundo o a los habitantes de Hull, Inglaterra, de una epidemia de crímenes violentos. Hay personas que harían cualquier cosa para vengarse. Pero hay rencores que nunca mueren que son más fuertes que la bondad, y pronto estos tres espíritus afables aprenderán la misma lección: a las buenas personas también les suceden cosas malas. El dolor que nos une es un thriller policiaco, el tercero de la serie del sargento McAvoy escrita por David Mark, que nos demuestra que la gente de buen corazón es casi siempre presa fácil y que el mal es un veneno que disuelve los lazos entre las buenas personas, hasta dejarlos únicamente unidos por el dolor. David Mark nació en Carlisle, Reino Unido, en 1977 y ha trabajado durante más de quince años como periodista, siete de ellos en la sección de sucesos del diario The Yorkshire Post en su redacción de Hull, en East Yorkshire. El oscuro invierno, su primera novela, será traducida próximamente a varios idiomas, y en 2013 será publicada Original Skin, continuación de esta serie del sargento McAvoy. Actualmente vive en Lincolnshire, cerca de Hull.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: watermark
    Seitenzahl: 332
    Erscheinungsdatum: 10.10.2015
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788416465576
    Verlag: Ediciones Siruela
    Größe: 749 kBytes
Weiterlesen weniger lesen

El dolor que nos une

Capítulo 1

Lunes por la mañana. 9:16 horas.

Una habitación pequeña, sin ventilación, en el centro de salud de Cottingham Road.

El sargento Aector McAvoy se siente incómodo y ridículo sentado en una silla escolar de plástico; las rodillas prácticamente le llegan a la altura de las orejas.

-¿Aector?

Se da cuenta de que está sacudiendo la pierna. "¡Maldición!". La loquera ha debido de notarlo también. Decide dejar que siga moviéndose para que ella no lo malinterprete.

La mira a los ojos. Aparta la vista. Deja de sacudir la pierna.

-Aector, no intento engañarte. No tienes por qué juzgarte todo el tiempo.

McAvoy asiente y nota que otra gota de sudor le baja desde el cuello de la camisa. Hace demasiado calor en la consulta. Las paredes, con su papel pintado color tirita, dan la impresión de estar sudando también, y las ventanas bloqueadas se están empañando.

Ella continúa hablando. "Palabras, palabras, palabras...".

-Ya me he disculpado, ¿verdad? Me refiero a la consulta. He intentado conseguir otra pero no había ninguna disponible. Creo que si le diéramos un buen tirón a la ventana podríamos abrirla, pero entonces entraría el ruido de la calle.

McAvoy hace un gesto con las manos para restarle importancia aunque, en realidad, tiene tanto calor y se siente tan incómodo que incluso se le ha ocurrido lanzarse de cabeza contra el cristal. De hecho, ya estaba empapado antes de cruzar la puerta. Durante las últimas dos semanas, la ciudad ha vivido con la sensación de tener un perro mojado sacudiéndose encima, pero la ola de calor no ha traído un cielo azul. Por el contrario, Hull languidece bajo un cielo del color del cemento húmedo. Es un clima que tensa el ánimo, induce al letargo y les hace la vida imposible a los hombres grandullones y pelirrojos como el sargento Aector McAvoy, que lleva días sintiéndose sudado, cabreado y cohibido. Es un calor febril, un manto pestilente y tóxico. McAvoy no se quita de encima la sensación de estar revolviéndose entre sábanas mojadas tendidas a secar. Todo el mundo opina que la ciudad necesita una buena tormenta que aclare la atmósfera, pero los truenos aún no han abierto los cielos.

-Creo que disfrutaste en la última sesión. Parecías más animado a medida que avanzábamos. -La terapeuta baja la vista para consultar sus notas-. Estábamos hablando de tu padre...

McAvoy cierra los ojos. No quiere parecer maleducado, de modo que se muerde la lengua. Por lo que recuerda, él ni siquiera ha mencionado a su padre. Ella sí.

-Vale, ¿qué tal si lo intentamos con algo un poco menos personal? ¿Tu trabajo, quizá? ¿Tus ambiciones?

McAvoy mira por la ventana con cierta ansiedad. La escena que ve podría tomarse por una fotografía. Las hojas y las ramas del serbal cuelgan exánimes e inertes, impidiendo que pueda ver la universidad que queda al otro lado de la concurrida calle, aunque no le cuesta nada imaginársela. Visualiza a las estudiantes con la tripa al aire y minipantalones vaqueros diminutos; los calcetines por la rodilla y el pelo peinado hacia atrás. Cierra los ojos y solo ve víctimas. Esta tarde acudirán a las terrazas de las cervecerías. Beberán más de lo aconsejable. Alguien les llamará la atención y, envalentonadas por el alcohol, algunas sonreirán y flirtearán y disfrutarán de la sensación de ir ligeras de ropa. Cometerán errores. Habrá confusión, calor, deseo y miedo. A la mañana siguiente, los detectives tendrán que investigar las agresiones. Quizá algún apuñalamiento. Los padres se angustiarán y la inocencia se habrá perdido para siempre.

Se quita la idea de la cabeza. Se maldice. Oye la voz de Roisin que, como siempre, le dice que deje de hacer el tonto y vaya a disfrutar del sol. Se la imagina tumbada en biquini, con los pies descalzos, absorbiendo todo el calor en el recuadrito de césped agostado que hay delante de la casa; pura despreocupación.

¿Qué le acabab

Weiterlesen weniger lesen

Kundenbewertungen