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El oscuro invierno Primer caso del sargento McAvoy von Mark, David (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 25.06.2013
  • Verlag: Ediciones Siruela
eBook (ePUB)
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El oscuro invierno

Hull, East Yorkshire. Poco antes de Navidad, un anciano (único superviviente del naufragio de un barco de arrastre ocurrido hace cuarenta años) es hallado muerto en el mar. En una iglesia, una muchacha (único miembro de una familia que sobrevivió a una matanza durante el conflicto de Sierra Leona) es acuchillada con un machete. Un drogadicto (que logró huir de la casa en llamas donde murió su familia) es abrasado en un incendio en un barrio de viviendas de protección oficial. El sargento McAvoy, un fornido policía que es mirado con recelo por el resto de sus compañeros debido a su inquebrantable sentido del deber, será el único capaz de encontrar la conexión entre estos tres crímenes y el asesino de aterradores ojos azules que oculta su rostro tras un pasamontañas negro... David Mark nació en Carlisle, Reino Unido, en 1977 y ha trabajado durante más de quince años como periodista, siete de ellos en la sección de sucesos del diario The Yorkshire Post en su redacción de Hull, en East Yorkshire. El oscuro invierno, su primera novela, será traducida próximamente a varios idiomas, y en 2013 será publicada Original Skin, continuación de esta serie del sargento McAvoy. Actualmente vive en Lincolnshire, cerca de Hull.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: watermark
    Seitenzahl: 280
    Erscheinungsdatum: 25.06.2013
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788415803379
    Verlag: Ediciones Siruela
    Größe: 486kBytes
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El oscuro invierno

Capítulo 1

14:14 horas, plaza de la Santísima Trinidad. Quince días antes de Navidad.

El aire huele a nieve. Sabe a nieve. Ese fuerte regusto metálico, una sensación al fondo de la garganta. Frío y mentol. Cobre, quizás.

McAvoy respira hondo. Se llena de ese aire de Yorkshire, helado y complejo, sazonado con la sal y el rocío marino de la costa, el humo de las refinerías de petróleo, el cacao tostado de la fábrica de chocolate, el olor acre del forraje descargado en los muelles esta mañana, los cigarrillos y las fritangas de una población en declive y una ciudad de capa caída.

Esta.

Hull.

Su hogar.

McAvoy mira al cielo, veteado de nubes deshilachadas.

Frío como una tumba.

Busca el sol. Mueve la cabeza de acá para allá tratando de encontrar el foco de luz brillante y acuosa que inunda esta plaza del mercado y ensombrece las lunas de los cafés y los pubs que rodean la animada piazza . Sonríe al encontrarlo, a salvo detrás de la iglesia, colgado del cielo como una placa de latón: oculto tras la imponente aguja y su sudario de lona y andamios.

-Más, papá. Más.

McAvoy baja la mirada. Hace una mueca a su hijo.

-Perdona. Estaba pensando en otra cosa.

Levanta el tenedor y deposita otra porción de tarta de chocolate en la boca sonriente del niño, completamente abierta. Observa cómo mastica y traga antes de volver a abrirla como un polluelo a la espera de una lombriz.

-Eso es lo que eres -dice McAvoy con una sonrisa al pensar que a Finlay la descripción le parecerá divertida-. Un pajarito pidiendo lombrices.

-Pío, pío -bromea Finlay agitando los brazos como si fueran alas-. Más lombrices.

McAvoy ríe y mientras rebaña la tarta que queda en el plato se inclina hacia delante y besa la cabeza del niño. No consigue disfrutar del delicioso olor a champú en el cabello de su hijo porque Fin va abrigado con un gorro de lana con borla y un forro polar. Está tentado de quitarle el gorro y aspirar profundamente el olor a hierba recién cortada y a panal de abejas que asocia con el greñudo pelo rojo de su hijo, pero en la terraza de ese café de moda, con sus mesas plateadas y sus sillas metálicas, hace un frío gélido y se contenta con acariciar la barbilla del chaval y gozar de su sonrisa.

-¿Cuándo vuelve mamá? -pregunta el chico, limpiándose la cara con un pico de la servilleta de papel y relamiéndose de un modo simpático con la lengua manchada de chocolate.

-No tardará -responde McAvoy mirando su reloj de manera instintiva-. Está buscando premios para papá.

-¿Premios? ¿Por qué?

-Por ser bueno.

-¿Cómo yo?

-Sí, como tú.

McAvoy se inclina hacia delante.

-Yo he sido muy bueno. Papá Noel me va a traer montones de regalos. Montones y montones.

McAvoy sonríe. Su hijo tiene razón. Cuando llegue Navidad, dentro de dos semanas, Fin encontrará el equivalente al sueldo de un mes empaquetado y envuelto bajo el espumillón rojo y las ramas plateadas del árbol artificial. La mitad del cuarto de estar de su adosado vulgar y corriente, una construcción nueva al norte de la ciudad, se llenará de balones de fútbol, ropa y figuras de superhéroes. Las compras empezaron en junio, justo antes de que Roisin supiera que estaba otra vez embarazada. No se pueden permitir lo que llevan gastado. Ni siquiera la mitad, considerando los gastos que el año nuevo traerá. Pero sabe lo que la Navidad significa para ella y ha tirado de la tarjeta de crédito a discreción. El día de Navidad, Roisin se encontrará un collar de granates y platino en su calcetín. Una chaqueta de cuero roja para cuando recupere la figura después del parto. Los DVD de Sex and the City . Entradas para el concierto de UB40 en el bosque de Delamere en marzo. Roisin saltará de alegría y hará esos ruidos que a él le encantan. Correrá al espejo y se probará la chaqueta sobre su holgada camise

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