text.skipToContent text.skipToNavigation
background-image

Los días grises von Mínguez, Sergio Alonso (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 17.11.2014
  • Verlag: Editorial Amarante
eBook (ePUB)
4,99 €
inkl. gesetzl. MwSt.
Sofort per Download lieferbar

Online verfügbar

Los días grises

Una novela distinta, una distopía sugerente, barroca, que oscila entre la novela neogótica y la ciencia-ficción. 'Los Días Grises' traza un futuro enmarañado y decadente, posterior a la debacle que inició un agente patógeno transmitido por la moneda de curso y derivó en el hundimiento de la sociedad de bienestar. Como lienzo de fondo aparecen las tramas políticas y la acción bélica, en un entramado en el que se dibujan vidas, monólogos interiores, nostalgias viscerales, visiones preclaras a través de ventanas ojivales y páramos que incitan a la reflexión.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: none
    Seitenzahl: 234
    Erscheinungsdatum: 17.11.2014
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788416214389
    Verlag: Editorial Amarante
    Größe: 305 kBytes
Weiterlesen weniger lesen

Los días grises

1 La noche siempre llega

Y las gotas caían heladas como el matiz del cielo. Y el viento sonaba triste como el sabor de una lágrima. El aire húmedo, esencia fría de invierno.

"Imagina, Dante. Imagina que tus manos tapan la luz del sol y no el eterno cielo gris que se perpetúa con la tierra jaspeada de charcos y ruina. Piensa que te escondes del calor y no del frío. Olvida sus voces pues no gritaban a tus oídos. Sueña..., aunque no vuelvas.

¡Despierta! Sé valiente y mira a los ojos de tu designio. El sueño es un espejismo al viajero, pero en la noche el viaje se detiene, podrás echar a volar con ella."

Dante se había erguido escudriñando el ángel de mármol que tenía junto a él. Era un hombre joven, alto y fuerte, de mirada fría. Sus pantalones estaban llenos de barro a la altura de las rodillas. El pelo inundado fluía por su cara y se mecía con los primeros pasos del camino que lo llevaría a casa; goteaba como las ramas encorvadas de los sauces. Encogido, oscuro y con las manos en los bolsillos, caminaba.

"¿De qué sirve llorar a los muertos? Demasiada tristeza. No hay lágrimas en el mundo que recuperen un aliento, ni una voz."

Aquel rostro de piedra glacial fue quedando lejos, con paso resuelto. Revolvió en su abrigo y arrancó de allí un tintineo claro, el rumor de las llaves terminó mezclándose con el goteo de la lluvia. Subió los peldaños que restaban de su camino a la inmensa puerta. La mansión lo acogía con su pálida bienvenida, con el susurro frío de sus paredes firmes, confinando pasillos angostos. Murmuraban las agudas voces de las gárgolas y tantas vidrieras ojivales acariciadas por la lluvia. Al cerrar, silencio.

Tomó aire profundamente despidiéndose del día que iba llegando a su fin. Dejó el oscuro abrigo sobre un taquillón de madera ornamentada que había en el recibidor. Abrió una caja de la pared y pulsó varios interruptores. Las luces revivieron, cientos de amaneceres, y enseñaron la grandeza de la casa. Se detuvo un segundo, anudado por la maestría de las formas.

"Él siempre intentó rodearse de pureza..."

Dejó las botas junto a la puerta. Caminó por encima del tapiz rojo que resguardaba sus pies del mármol. Subió la escalinata. Una puerta se cerró y el silencio más absoluto volvió a reinar por un tiempo.

Quietud vacía.

Al salir de la habitación su aspecto era distinto. El cabello parecía ordenado y las ropas le daban una imagen solemne. Caminó bajo el fulgor de aquellas lámparas dominado por el color negro, seguido por un cortejo de sombras. Bajó la escalera, dirigiéndose a la cocina. Encontró allí su plato, olvidado largo tiempo. Finalmente sus pasos lo destinaron a la biblioteca. Llevaba consigo la cena tibia y una taza de café.

Se cumplían tres días desde la muerte de Zeus y dos consejeros. Imaginó su transporte cayendo, derribado en la frontera con Mirena, envuelto en llamas. Aquel congreso no fue discreto, escondía muchas discordias y a nadie le asombró su trágico desenlace. Las bombas caían aquí y allá cada vez más a menudo, ya no quedaba tierra virgen al norte y las noticias que llegaban desde la frontera sur no dejaban tranquilo a nadie. El último reducto se desvanecía como azúcar mezclado en el café. Dante revolvía la taza llena de aroma.

"La corrupción ya está dentro."

Recordaba las palabras de Zeus con extrañeza, echado en un amplio sofá de cuero marrón. Miraba las paredes recubiertas de armarios, papel y letras. Perdía su mirada, pensativo.

"Dante, hijo, hay quien dice que sueño despierto, que mis pensamientos fluyen turbulentos de un subconsciente en ruinas. Lo sé. Pero son ellos quienes viven dormidos y sus vidas son los pasos de un noctámbulo con sueños necios."

Lentamente, con el claror del día se fueron tambié

Weiterlesen weniger lesen

Kundenbewertungen