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Un buen invierno para Garrapata von Coyote, Leo (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 06.04.2016
  • Verlag: Editorial Alrevés
eBook (ePUB)
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Un buen invierno para Garrapata

Durante las veinticuatro horas más importantes de las vidas de varias personas no cesa de llover. Nina Muntaner, novia de un gánster de la Europa del Este... Unos extraños delincuentes quieren secuestrar a un perro... Dos policías vigilan en el puerto la entrada de droga en la ciudad, mientras viven su particular historia de amor. Las cosas se tuercen y se complican con el paso de las horas y la lluvia incesante, que todo lo confunde. Otra vez la borrosa Barcelona, otra vez personajes al límite, otra vez una trama diabólica, otra vez el lenguaje duro y callejero... otra vez Leo Coyote. Leo Coyote (Rubín-Sarria, Lugo), seducido por la novela negra y muy buen conocedor de los ambientes que se reflejan en sus historias que narra con un lenguaje directo y duro, toma la realidad como pretexto para organizar sus tramas, que es lo único que le importa junto con la exhaustiva descripción de sus maquiavélicos personajes. Sus últimos títulos son: Perro Flaco (Almuzara 2005) y Otro día en el paraíso (Almuzara 2010).

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: watermark
    Seitenzahl: 208
    Erscheinungsdatum: 06.04.2016
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788415900290
    Verlag: Editorial Alrevés
    Größe: 375 kBytes
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Un buen invierno para Garrapata

DOS

Ianina le debía su nombre al capricho de su madre, que era de origen italiano. Años más tarde, descubrió que ese nombre era el diminutivo italiano de Juana, lo que, según ella, no le quitaba nada de glamour . A Ianina todo el mundo la conocía como Nina . A ella, eso, le gustaba. En este momento no lo pensaba, aunque lo escuchaba repetida y machaconamente.

-Nina, Nina, Nina, Nina, Nina, aaagggg...

El tío que tenía encima gritaba su nombre mientras notaba el sabor del orgasmo en el final de su lengua, que se esparcía, en forma de agradable picor, por toda la cavidad de su boca. Nina sonreía mirando la cara del tío mientras la cabalgaba, encajado entre sus piernas, apoyando sus codos en el colchón, con las manos agarrotadas aferrando la almohada. Cuando él se corrió dentro de sus entrañas, Nina notó el calor de su semen e imaginó su viscosidad pegajosa. Ella dejó caer su cabeza en la almohada y cerró los ojos. Él cayó apoyando su pecho de pelo negro y enmarañado en las perfectas y voluminosas tetas de Nina, que se desplazaron ligeramente hacia los lados. Él se llamaba Kamil, era polaco y hacía tres años que vivía en aquella casa. Tenía cuarenta años recién cumplidos, cinco menos que Nina, a la que ahora estaba abrazado cubriéndole la cara con su hombro y con la nariz metida en el reluciente y algo áspero pelo rubio, teñido el día anterior y que olía a Opium de Yves Saint Laurent. Nina, en ese momento, y justo cuando la polla del tío se empezaba a encoger, notó un incontenible calor que subía directamente desde donde su barriga se confundía con sus piernas, esparciéndose por todo su cuerpo, dándole un irrefrenable placer que, en su garganta, se transformó en un sonido que no llegó a ser grito. Se lo impidió un ruido concreto, preciso e indefinido, de algún objeto al caerse al suelo.

-¿Qué es eso? -le dijo a Kamil, sacando su cara, recién transformada por el placer, de debajo de él.

-Nada, nada, debe de ser el hijo de puta de Garrapata -dijo con su acento confuso, oscuro y poco agradable. Hablaba abriendo la boca y esforzándose en pronunciar las palabras, que en su boca parecían extrañas, a veces nuevas, una extraña mezcla de español y polaco.

-¿El perro?

-Sí, el perro... Garrapata.

-Qué nombre más bonito para un chucho, siempre me ha gustado, es divertido.

-Era el que tenía puesto en su collar cuando me lo vendieron.

-Pues me gusta.

Nina se abrazó al hombre y puso su cara muy cerca del rostro sombrío, demasiado moreno, demasiado cuadrado y comido por la viruela, de su amante e introdujo su lengua dulce, húmeda, nerviosa y voraz en la boca de Kamil mientras se reía. Se quedaron así durante varios minutos, después Nina se deshizo del cuerpo del hombre, se acurrucó un poco y se durmió; mientras lo hacía, tenía ligeros temblores que la apartaban de los deliciosos sueños que la retornaban al inicio de su tarde de sexo con Kamil. Él la volvía a desnudar, la volvía a doblar sobre la cama, le volvía a abrir las nalgas, la embadurnaba de crema, y ella le volvía a decir que lo hiciera despacio... Cuando se despertó, él roncaba suavemente. Nina se levantó tambaleante y se dirigió al cuarto de baño. En su cuerpo desnudo, y desde la posición de Kamil, si este hubiera estado despierto, hubiera podido ver, como tantas otras veces, encima de sus nalgas redondas y duras, un código de barras tatuado al final de su espalda, justo en el inicio de la raja del culo. Las rayas del tatuaje fueron hechas de forma aleatoria y los números eran una complicada secuencia en la que había varias fechas importantes para ella: la del nacimiento de su hija, el año que vivió en Tokio, el día que se casó con Esteban... Nina se metió en la ducha y dejó caer el agua, excesivamente caliente, por su cuerpo sudoroso. Cerró los ojos y apoyó ambas manos en los azulejos de color crudo que decoraban el cuarto de baño. Mientras el chorro de agua cons

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