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Coaching para escribir con PNL von Dalessandro, Hector (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 01.12.2014
  • Verlag: Editorial Bubok Publishing
eBook (ePUB)
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Coaching para escribir con PNL

Coaching para escribir con programación neurolingüística es el primer libro de su tema que se escribe en español. Motivación y potencial son las palabras que lo definen. Trae novedades sobre cómo trabajan las palabras (sustantivos, verbos, adjetivos) en el cerebro y su capacidad de bloquearnos o abrirnos a la creatividad. Cómo el tipo y la combinación de frases que utilizamos para escribir son nuestro modo de pensar y de escribir. Claves sobre estilística o construcción de personajes. Animará por igual a novelistas que a ensayistas. Este mismo libro es una original combinación de biografía, ensayo y narrativa.Patricio Peker autor de best sellers internacional ha dicho de este título: El libro Coaching para escribir con PNL de Héctor D'Alessandro hace que te vengan unas ganas locas de escribir y te hace sentir que puedes hacerlo. Te desbloquea, te da herramientas, y un camino.La aplicación que hace D'Alessandro a los niveles neurológicos de la PNL a la literatura y escritura constituye un hallazgo espectacular, tanto para quien desee escribir un libro, como para quien desee descubrir en la lectura una nueva dimensión para comprender y disfrutar aún más de un libro. Este es un libro lleno de creatividad, pasión y entusiasmo.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: none
    Seitenzahl: 205
    Erscheinungsdatum: 01.12.2014
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788468614885
    Verlag: Editorial Bubok Publishing
    Größe: 935kBytes
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Coaching para escribir con PNL

PRIMERA PARTE

Coaching para escribir con Programación Neurolingüística

I

Que trata acerca de qué hacer con el propio cerebro para entender los intríngulis de la escritura creativa y qué hacer (usando el cerebro) para escribir con una destreza que pueda considerarse artística.

En este y en todos los otros capítulos, quiera o no, hablaré de mí. Hablaré y pondré ejemplos que permitan al lector ver y sentir cómo aprendí a resolver problemas creativos y qué inventé para resolverlos.

En el arte de escribir hay una situación que se presenta al comienzo y es qué quiero escribir y qué nivel quiero alcanzar. Esto será determinado en buena medida por el nivel de las lecturas que uno realice con vistas a aprender.

Cuando mencionamos las lecturas estamos mentando la soga en la casa del ahorcado: aquí está el segundo conjunto de situaciones que se deben resolver. Puede resumirse este conjunto como: escritura y lectura.

Vamos a por el primer asunto: qué quiero escribir y qué nivel quiero alcanzar.

A los ocho años de edad yo ya sabía que me dedicaría a escribir y mi primer proyecto de libro fue una antología de la sabiduría universal. Frases que iba recopilando de distintas fuentes: "El tesoro de la juventud", otras enciclopedias, el "Martín Fierro", lo que decía mi padre y lo que yo le escuchaba decir a la gente.

Recuerdo que lo abandoné con un mal sabor de boca, pues a poco de comenzar a anotar algunas frases de aquellas que anotaba en un cuaderno de tapas rojas me invadió una suerte de pesadumbre y agobio absolutos. El peso de la tradición, como decía Marx, "oprimía mi cerebro". Apasionado y lapidario como era, determiné que la sabiduría popular no existía, si acaso existía, se trataba en realidad de una suerte de estupidez generalizada que penetraba en el cerebro de las personas bajo la forma de algún extraño virus que si lograba aislar y combatirlo de un modo eficaz y si la humanidad recuperaba la cordura, seguro que me darían el premio Nobel de literatura o de química o de medicina, en esto tenía dudas.

La realidad cerebral es que aquellas frases manidas en mi imaginativa mente no lograban hacer mella ni influenciarme de ningún modo que me resultase estimulante.

Recuerdo que por esa época yo me pasaba pidiendo permisos y exenciones para faltar a diferentes clases deliberativas en el colegio, alegando que conocía de antemano el conjunto de opiniones que cada uno defendería y de cómo esas polémicas nos conducirían a unas discusiones parecidas a callejones sin salida. Era realmente un niño con una gran autoestima, y recibía en consecuencia alguna que otra sanción por ello.

Sobre esto de los diálogos que conducen a encierros, muy pronto me di cuenta que el cerebro estaba diseñado de tal manera que hablando conmigo mismo también me podía conducir a un callejón sin salida que estaba ilustrado de un modo muy claro por aquella frase hecha que decía que "una palabra lleva a la otra". Esta expresión significaba para mí una experiencia vital, profunda, dramática por momentos y en la medida que me fui aventurando en la adolescencia y en una muy intensa juventud, los callejones de la mente se convirtieron para mí en auténticos molinos de viento de la mente contra los cuales inventé todos los modos posibles de lucha y finalmente salí derrotado para poder llegar al fondo de mí mismo.

En muchas conversaciones con compañeros del colegio o del barrio empecé a quedarme mudo, con una especie de mudez propia del pensante que está buscando una respuesta ponderada que satisfaga a lo que están requiriendo de él. Atribuyo esto al hecho de que yo era un niño que leía mucho y a que consultaba todas mis situaciones conflictivas reales e incluso las inventadas, con mi padre para que me explicara que haría él en cada caso. Para mí, mi padre era un sabio y tener que verlo bajo ópticas, ya no negativas, sino me

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