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Viaje a La Habana von Miranda, Francisco de (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 31.08.2010
  • Verlag: Linkgua
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Viaje a La Habana

Viaje a La Habana a New Jersey. Francisco de Miranda


Fragmento de la obra

La Habana. La Mar, 1 junio 1783
A las nueve de la mañana me hice a la vela en la balandra americana La Prudente su capitán J. Wilson: mi buen amigo don Ignacio Menocal estuvo a verme y despedirse hasta el último momento, ofreciéndome su proceder cada día más y más fundamentos para admirar su probidad y sano juicio en el centro del vicio y la corrupción. ¡O grata idea a mi memoria! Asimismo se hizo a la vela toda la escuadra y convoy español que a las órdenes del teniente general don Josef Solano se dirige a Cádiz, llevando a su bordo la mayor parte del ejército de operaciones y por valor de cerca de 60 millones pesos en especie y frutos; cuyos productos habían estado retenidos en nuestra América desde la declaración de la guerra.
El viento y corrientes han sido tan favorables, que al amanecer solo descubrimos dos pequeñas embarcaciones del todo de la escuadra y convoy: al mismo tiempo vimos el pan de Matanzas; y dirigimos nuestra ruta a desembocar el canal de Bahamas. Al día siguiente al amanecer avistamos tierra y por ella reconocimos ser Cabo Cañaveral y estar por consecuencia desembocados. El viento continuo siempre fresco por el O. de suerte que el día 5 pasamos la latitud de Charlestown donde era mi designio desembarcar; pero el buen capitán Wilson ya sea porque el viento no fuese muy favorable, o porque a él no le acomodase, que es lo más cierto, procedió desde luego a la Carolina del Norte sin embargo del ajuste y promesa que dio a mi amigo James Seagrove de llevarme a Charlestown; no parece que es hombre delicado en este género de materias.

Francisco de Miranda (Caracas, 1750-España, 1816). Venezuela.
Hijo de Sebastián de Miranda, comerciante canario, y Francisca Antonia Rodríguez, caraqueña. Nació el 28 de marzo de 1750.
Estuvo involucrado en la Revolución Francesa, la Independencia de los Estados Unidos, y de Hispanoamérica.
Estudió en la Universidad de Caracas y fue uno de los hombres más cultos de su época. Tenía conocimientos de matemáticas y geografía y dominó el francés, el inglés, el latín y el griego. En 1781 combatió junto a tropas españolas, a favor de las fuerzas independentistas, en Pensacola (colonia inglesa en la Florida).
Poco después se fue al Reino Unido en busca de apoyo en su pretensión de independizar Hispanoamérica. También con ese propósito fue, en plena Revolución Francesa (1792), a París. En Londres vivió con su ama de llaves, la inglesa Sarah Andrews, con quien tuvo dos hijos. En 1805 viajó a Nueva York y en 1806 marchó en una expedición revolucionaria a Haití. Y más tarde se dirigió al puerto de Ocumare, en Venezuela, donde fue derrotado por los españoles.
Miranda fue arrestado el 31 de julio de 1812 por un grupo de civiles y militares, entre ellos Simón Bolívar. En 1813 fue conducido a España, a la cárcel del arsenal de La Carraca (Andalucía). Allí murió el 14 de julio de 1816.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: AdobeDRM
    Seitenzahl: 80
    Erscheinungsdatum: 31.08.2010
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788498970876
    Verlag: Linkgua
    Größe: 918 kBytes
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Viaje a La Habana

La Mar. Charlestown. Carolina del Sur, julio a octubre 1783

El 29 a las seis de la mañana nos hicimos otra vez a la vela y con viento fresco del norte bajamos el río en cosa de dos horas: a las ocho salimos a la mar y dejando el río Santee sobre la derecha a distancia de seis millas más abajo en prolongación de la costa, montamos Cape Roman y sobre la misma costa pasamos las pequeñas Islas Bull, Capers, Davis, Long y Sullivans; a las cuatro de la tarde recalamos sobre el fuerte Moultry, situado sobre la punta del sur de la última de estas islas a la entrada de la bahía de Charlestown: el fuerte Johnston, que está en la parte opuesta sobre la punta del norte de la isla James y forma el canal de la entrada nos llamó con una bandera: enviamos por descontado el bote y después de haberse informado el comandante de donde veníamos y cobrar un peso fuerte, procedimos atravesando esta hermosa bahía y a las cinco de la tarde nos amarramos en uno de los Wharfs de la ciudad en medio de crecido número de embarcaciones mercantes que entran y salen constantemente en este puerto. Inmediatamente saltamos en tierra y, sin que nadie nos dijese una palabra, ni guarda o ministro alguno de rentas (porque no hay canalla de esta especie) intentase examinar nuestros equipajes ni cosa alguna, cada uno procedió a buscar alojamiento. Yo encontré por fortuna al desembarcarme a mister Bourdeaux comerciante de esta ciudad, que conocí en Newberne y fue tan atento que inmediatamente me acompañó a buscar buena posada: por su recomendación tomé alojamiento en la de miss M. Stone en Trad Street número 13. Pagando poco más de un peso diario por comida y alojamiento; hasta el 23 de agosto que para mejorar de cuartos, en la expectativa de conseguir el logro de una lisonjera empresa amorosa, pasé a Kink Street número 80. Miss Melar, ocupando el alojamiento que dejaban el coronel de artillería Carington y el mayor Eduard.

Al día siguiente estuve a visitar a Thomas Bee Esqr para quien traje una carta de recomendación de mister Seagrove en La Habana; me recibió con suma política y atención y me acompañó a visitar igualmente a su excelencia el Sr gobernador actual Benjamin Guerard Esqr a quien entregué también carta de Introducción del general Cagigal; y en su consecuencia me ha colmado de honras y agasajos durante todo el tiempo de mi residencia en esta capital.

Estando justamente en estos asuntos y recibiendo varias personas de carácter que vinieron a visitarme al siguiente día por la mañana, ve aquí que llega el famoso abogado, consejero y mayor Eduard Rutledge Esqr, armado de espada en tono militar y llamándome a parte, me entrega bajo un preludio político y estudiado una carta sellada de parte de William Brailsford, -abrila inmediatamente y hallé en ella un completo desafío, concebido, sin embargo, en términos bastante ambiguos, nombrando por segundo y ajustador de los preliminares al citado mister Rutledge- estas circunstancias me obligaron a abrir conversación y tratar el asunto con dicho emisario; cuyas consecuencias fueron pedirme este permiso para hablar en el intermedio a mister Brailsford, que sin duda procedía equivocado en el particular: no tuve embarazo en concedérsele con el bien entendido de que supiese mister Brald antes que nunca le faltaría por mi parte (en caso de no estar satisfecho) cualesquiera otra satisfacción que un Caballero debiese dar a otro en casos semejantes de aquí provino que cuando aguardaba a mi adversario ostentoso y con las armas en la mano para recibir la satisfacción que indicaba por su carta; me avisa por la tarde por mister Rutledge en recado por escrito, de que había procedido equivocado y quedaría enteramente satisfecho, si por una carta mía le aseguraba, que su carácter no desmerecía en mi concepto; pero como el fundamento de su carta a mí era falso y, ambiguo el contenido yo le remití copia de las conversaciones y recados que el mismo Rutledge puso por escr

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