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Cartas desde Cuba von Bremer, Fredrika (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 31.08.2010
  • Verlag: Linkgua
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Cartas desde Cuba

Fredrika Bremer llegó a La Habana el 31 de enero de 1851 y de inmediato escribió la primera carta desde el Caribe. Sus escritos epistolares van dirigidos a su hermana menor Ághate, tristemente fallecida de tuberculosis antes que Fredrika regresara a Estocolmo. En ellos retrata, en forma de diario, sus viajes por la isla, los apuntes sobre la vegetación, consideraciones acerca de la vida de los cubanos y su arquitectura. En definitiva, todo lo que ve, experimenta y conoce de este rincón de las Antillas se traduce en una prosa inteligente, sincera y arriesgada. Sus testimoniales cartas tampoco están exentas de todo tipo de críticas sobre la terribles condiciones que sufren los esclavos. Se cree que fue la primera que escribió sobre la música gospel, la canción de los esclavos, a los que había escuchado cantar a lo largo de este viaje. '...La situación de los esclavos en las plantaciones es aquí, generalmente, peor que en los Estados Unidos; viven peor, se alimentan peor, trabajan más duramente y carecen de toda enseñanza religiosa. Se les considera totalmente como ganado, y el comercio de esclavos con África se practica todavía, aunque en secreto'. La escritora sueca Fredrika Bremer nació el 17 de agosto de 1801 en la ciudad finlandesa de Turku, pero su infancia transcurrió en las afueras de Estocolmo, metrópoli en la cual habían decidido instalarse sus padres cuando ella era una niña de apenas tres años de edad. En 1828, preservada en el anonimato, debutó como novelista con una serie de relatos que se publicaron durante los años siguientes. Con el paso del tiempo, su nombre alcanzó popularidad a escala internacional y, en la década del 40, era ya una integrante destacada de la vida cultural sueca cuyos libros habían sido traducidos a un gran número de idiomas. Fredrika Bremer estuvo siempre en desacuerdo con los casamientos arreglados y soñaba con un cambio de mentalidad que favoreciera al género femenino. Llego a ser una mujer muy influyente en la sociedad de Suecia de su tiempo, especialmente por reivindicar la libertad de las mujeres. Su obra y su posicionamiento social representó un punto de partida para el verdadero movimiento feminista en el país. Falleció en Estocolmo el 31 de diciembre de 1865.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: AdobeDRM
    Seitenzahl: 111
    Erscheinungsdatum: 31.08.2010
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788490074435
    Verlag: Linkgua
    Größe: 326 kBytes
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Cartas desde Cuba

Carta XXXIII

Matanzas, 23 de febrero de 1851

¡Qué bello es esto, Agathe querida, y qué bien se está aquí! En este aire delicioso, lleno de brisas embalsamadas, en esta buena casa, clara y confortable en todos los aspectos -la casa del señor y la señora Baley-, donde estoy ahora, me siento renacer a la vida. Llevo aquí toda una semana, que ha pasado como un solo día bello y claro.

Me vino muy bien el abandonar la calurosa y polvorienta Habana, el lunes 16 por la mañana temprano. Y allí también abandoné mi dolor de cabeza. Me libré de él la noche anterior, cuando me fui a la cama y pude dormir bien. La amable señora Tolmé, profundamente buena, ya estaba en pie conmigo a las cinco de la mañana siguiente, y consiguió que de un restaurante nos sirvieran algo a ella y a mí, porque no quería despertar a sus esclavas tan temprano, y después de despedirme cordialmente de ella y de su esposo, me senté en su volanta, acompañada por uno de los hijos más jóvenes de la casa mi favorito entre todos: Frank Tolmé. El calesero hizo chasquear el látigo, y rápidamente partimos balanceándonos hacia la estación del ferrocarril. Me sentí muy contenta cuando, con la ayuda de mi joven acompañante, superé todas las dificultades y trámites en la estación del ferrocarril y me senté tranquilamente en un amplio vagón. Estaba construido a la manera americana, porque los americanos han trazado el ferrocarril y han construido los vagones en Cuba. Todas las ventanillas estaban bajadas, para permitir que el delicioso aire de la mañana entrase, y aunque todos los señores que iban en el vagón -en número de cuarenta o cincuenta- fumaban tabacos o cigarros, no se notaba el olor ni apenas se veía el humo. El aire de Cuba parece tener la virtud de aniquilar el humo. Yo era la única mujer viajera en el vagón, y estaba sentada en mi sofá, casi sola en aquella parte del coche. Por eso pude mirar a mi alrededor con mayor libertad y... ¡Ah! ¡Qué mañana aquélla, en que volé sobre la tierra nueva, bella como el Edén, a través de un aire paradisíaco, viendo a mi alrededor escenas y objetos nuevos y encantadores! ¡Tanto goce solamente se puede celebrar con un íntimo y profundo reconocimiento!

Había llovido por la noche, y bellos nubarrones cubrían la bóveda celeste y se amontonaban en el horizonte, agrupándose en formas fantásticas sobre las montañas azules. De pronto se levantaron sobre alas, en forma de pesados cortinajes, para dejar pasar al Sol naciente; luego, formaron un espléndido portal enmarcado en oro, y a través de él resplandecía un mar de luces rosadas. Brilló un rayo sobre la cumbre de la montaña, y... el Sol salió. Las fantásticas casitas azules y amarillas, con sus jardincitos llanos de brillantes flores y extrañas plantas, las chozas cubiertas de guano, las altas palmeras verdes sobre sus techos grises y amarillentos, las arboledas de mango, plátano o naranja, y los cocoteros, los verdes setos y los campos, todo brillaba con incomparable frescura y belleza en la mañana húmeda y suave, iluminado por el Sol. Por todas partes, cerca de la vía, me salían al encuentro objetos nuevos y bellos, en forma de flores, plantas, jardines y viviendas que me daban los buenos días al pasar volando. Pero un terreno sembrado de papas y otro de coles me saludaban como compatriotas y viejos amigos. El paisaje entero parecía un enorme jardín; bellas palmeras se alzaban por todas partes meciendo sus copas a la brisa matutina, y a lo largo del horizonte se elevaba una cadena de colinas de un azul oscuro.

Me sentía bien; nadie podía sentirse mejor que yo. ¡Mi alma y mi cuerpo tenían alas! Volaba sobre la bella tierra resplandeciente.

Poco a poco desaparecieron las casas, y las plantaciones de caña de azúcar y de otros cultivos que no conozco dominaron el paisaje. Atravesamos bosques enteros de banano. Después, el campo tomó un aspecto más agreste, y se veían plantas parásitas

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