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El perro del hortelano von y Carpio, Félix Lope de Vega (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 31.08.2010
  • Verlag: Linkgua
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El perro del hortelano

El perro del hortelano es una comedia de enredo que gira en torno al amor, los celos y el honor. Lope de Vega presenta la lucha interior que vive la condesa Diana entre el amor que siente hacia su secretario Teodoro y los convencionalismos sociales que le impiden contraer matrimonio con él. Pero, Diana tampoco consiente que Teodoro, hombre que pertenece a una clase social inferior, se case con su enamorada, la criada Marcela. Es decir: ni come, ni deja comer... El perro del hortelano es una comedia fresca y divertida en la que todos los personajes defienden su felicidad superando prejuicios y presiones sociales. Una buena muestra de la mejor comedia de Lope de Vega. Félix Lope de Vega (Madrid, 1562-1637). España. El que fuera llamado 'Fénix de los ingenios españoles', Félix Lope de Vega Carpio, nació en Madrid a finales de 1562. Su padre, el artesano bordador Félix de Vega, y su madre, Francisca Fernández Flórez, eran, probablemente, oriundos del valle de Carriedo (Cantabria), y se trasladaron a Madrid hacia 1561. El origen humilde de Lope de Vega sería transformado por él mismo en una imaginada hidalguía; de hecho, Lope siempre fue dado a investirse con atributos que le favorecieran y nunca ocultó su abultado deseo de fama y éxito. Sea como fuera, cristiano viejo o converso, lo que sí refleja su obra es una completa y cabal asimilación de los valores imperantes en la sociedad de su tiempo. Lope estudió primero en la escuela madrileña de Vicente Espinel, por quien siempre demostró estima y admiración, y después en un colegio jesuita que, años después, se llamó colegio Imperial. Posteriormente, al parecer entre 1577 y 1581, estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, aunque no consta que obtuviera ningún título. Es probable, también, que siguiera algunas lecciones en la Universidad de Salamanca. Tras servir, desde muy joven, al obispo de Cartagena, inquisidor general y más tarde obispo de Ávila, don Jerónimo Manrique, Lope se alista en una escuadra de navíos y, en junio de 1583, zarpa de Lisboa rumbo a la isla Terceira (Azores), donde habían de combatir al prior de Crato, aspirante al trono portugués entonces en manos españolas a través de Felipe II. Acabada su misión, Lope regresa e inicia una de sus primeras relaciones amorosas, de entre las numerosas que se le atribuyen. Se trataba de Elena Osorio (su Filis), mujer bella y cultivada, hija de un empresario y actor teatral, la cual estaba separada de su marido (un actor). Lope escribiría algunas comedias para el padre de Elena. Años después, en 1587, tras enterarse de que Elena planeaba sustituirle por un influyente personaje madrileño (Francisco Perrenot Granvela), Lope difundió unos poemas infamantes contra ella y su familia, lo que le valió un destierro judicial de Madrid, por cuatro años, y de Castilla, por dos. En mayo de 1588, Lope toma por esposa a Isabel de Urbina Alderete (su Belisa), en Madrid. Isabel pertenecía a una familia muy influyente y de linaje antiguo, y es probable que el casamiento, aunque se realizó por poderes, pasara antes por algunas dificultades y supusiera la violación de la orden judicial por parte del escritor, que tenía prohibido regresar a la capital.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: AdobeDRM
    Seitenzahl: 164
    Erscheinungsdatum: 31.08.2010
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788498971033
    Verlag: Linkgua
    Größe: 200 kBytes
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El perro del hortelano

Jornada segunda

(Salen el Conde Federico y Leonido.)

Federico ¿Aquí la viste?

Leonido Aquí entró,

como el alba por un prado,

que a su tapete bordado

la primera luz le dio;

y según la devoción,

no pienso que tardarán;

que conozco al capellán

y es más breve que es razón.

Federico ¡Ay si la pudiese hablar!

Leonido Siendo tú su primo, es cosa

acompañarla forzosa.

Federico El pretenderme casar

ha hecho ya sospechoso

mi parentesco, Leonido;

que antes de haberla querido

nunca estuve temeroso.

Verás que un hombre visita

una dama libremente

por conocido o pariente,

mientras no la solicita;

pero en llegando a querella,

aunque de todos se guarde,

menos entra, y más cobarde,

y apenas habla con ella.

Tal me ha sucedido a mí

con mi prima la condesa;

tanto, que de amar me pesa,

pues lo más del bien perdí,

pues me estaba mejor vella

tan libre como solía.

(Salen Ricardo y Celio, que se quedan lejos de Federico y Leonido.)

Celio A pie digo que salía,

y alguna gente con ella.

Ricardo Por estar la iglesia enfrente,

y por preciarse del talle,

ha querido honrar la calle.

Celio ¿No has visto por el oriente

salir serena mañana

el Sol con mil rayos de oro,

cuando dora el blanco Toro

que pace campos de grana,

que así llamaba un poeta

los primeros arreboles?

Pues tal salió con dos soles,

más hermosa y más perfeta,

la bellísima Diana,

la condesa de Belflor.

Ricardo Mi amor te ha vuelto pintor

de tan serena mañana;

y hácesla Sol con razón,

porque el Sol en sus caminos

va pasando varios sinos,

que sus pretendientes son.

Mira que allí Federico

aguarda sus rayos de oro.

Celio ¿Cuál de los dos será el toro

a quien hoy al Sol aplico?

Ricardo Él, por primera aflicción,

aunque del nombre se guarde,

que yo, por entrar más tarde,

seré el signo del león.

Federico ¿Es aquél Ricardo?

Leonido Él es.

Federico Fuera maravilla rara

que de este puesto faltara.

Leonido Gallardo viene el marqués.

Federico No pudieras decir más,

si tú fueras el celoso.

Leonido ¿Celos tienes?

Federico ¿No es forzoso?

De alabarle me los das.

Leonido Si a nadie quiere Diana,

¿de qué los puedes tener?

Federico De que le puede querer;

que es mujer.

Leonido Sí, mas tan vana,

tan altiva y desdeñosa,

que a todos os asegura.

Federico Es soberbia la hermosura.

Leonido No hay ingratitud hermosa.

Celio Diana sale, señor.

Ricardo Pues tendrá mi noche día.

Celio ¿Hablarásla?

Ricardo Eso querría,

si quiere el competidor.

(Salen Diana, Otavio, Fabio; y detrás, Marcela, Dorotea y Anarda, con mantos. Federico a Diana.)

Federico Aquí aguardaba con deseo de veros

Diana Señor conde, seáis muy bien hallado.

Ricardo Y yo, señora, con el mismo agora

a acompañaros vengo y a serviros.

Diana Señor marqués, ¿qué dicha es esta mía?

¡Tanta merced!

Ricardo Bien debe a mi deseo

vuseñoría este cuidado.

(Federico a su criado Leonido.)

Federico Creo

que no soy bien mirado y admitido.

Leonido Háblala; no t

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