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Los tellos de Meneses von y Carpio, Félix Lope de Vega (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 01.05.2013
  • Verlag: Linkgua
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Los tellos de Meneses

Los tellos de Meneses. Félix Lope de Vega Fragmento de la obra Jornada primera Salen la Infanta doña Elvira y don Nuño. Infanta: Parecerá loca acción a quien la virtud ignora. Nuño: ¡Extraña resolución en una heroica señora, hija de un rey de León! Otros medios puede haber. Infanta: Ansí pienso defender, contra mi honor y decoro, al quererme hacer de un moro un rey cristiano mujer. Nuño: Ejemplos hay conocidos de mujeres que supieron reducir a sus maridos, y que a la fe los trujeron los brazos y los oídos. Tal con el rey de Valencia tu hermosura y tu presencia, señora, pudieran ser, al mayor ejemplo hacer, si no igualdad, competencia. Casa con él; que, aunque moro, en las virtudes sin fe es un archivo, un tesoro; y, aunque fuera de ella esté, sabrá guardarte decoro. Hace el Rey esta amistad por ganar la voluntad del de Córdoba y Toledo, no porque los tiene miedo, por mayor seguridad, que nadie se ha de mover en siendo Tarfe su yerno. Infanta: Primero pudiera ser volverse gloria el infierno que ser de Tarfe mujer. En lugar de flores bellas, Nuño, nacerán estrellas, y los peces de los ríos trocarán sus centros fríos al manto que esmalta en ellas. Primero el feroz denuedo del arrogante león tendrá de un cordero miedo, será firme la ocasión, y se estará el tiempo quedo. Cesarán la competencia los elementos ociosos de su inmortal resistencia, y no tendrán envidiosos privanza, virtud ni ciencia. Será la flaqueza fuerte, tendrá venturosa suerte el bien con la ingratitud, enfadará la salud y será dulce la muerte. Félix Lope de Vega (Madrid, 1562-1637). España. El que fuera llamado 'Fénix de los ingenios españoles', Félix Lope de Vega Carpio, nació en Madrid a finales de 1562. Su padre, el artesano bordador Félix de Vega, y su madre, Francisca Fernández Flórez, eran, probablemente, oriundos del valle de Carriedo (Cantabria), y se trasladaron a Madrid hacia 1561. El origen humilde de Lope de Vega sería transformado por él mismo en una imaginada hidalguía; de hecho, Lope siempre fue dado a investirse con atributos que le favorecieran y nunca ocultó su abultado deseo de fama y éxito. Sea como fuera, cristiano viejo o converso, lo que sí refleja su obra es una completa y cabal asimilación de los valores imperantes en la sociedad de su tiempo. Lope estudió primero en la escuela madrileña de Vicente Espinel, por quien siempre demostró estima y admiración, y después en un colegio jesuita que, años después, se llamó colegio Imperial. Posteriormente, al parecer entre 1577 y 1581, estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, aunque no consta que obtuviera ningún título. Es probable, también, que siguiera algunas lecciones en la Universidad de Salamanca. Tras servir, desde muy joven, al obispo de Cartagena, inquisidor general y más tarde obispo de Ávila, don Jerónimo Manrique, Lope se alista en una escuadra de navíos y, en junio de 1583, zarpa de Lisboa rumbo a la isla Terceira (Azores), donde habían de combatir al prior de Crato, aspirante al trono portugués entonces en manos españolas a través de Felipe II. Acabada su misión, Lope regresa e inicia una de sus primeras relaciones amorosas, de entre las numerosas que se le atribuyen. Se trataba de Elena Osorio (su Filis), mujer bella y cultivada, hija de un empresario y actor teatral, la cual estaba separada de su marido (un actor). Lope escribiría algunas comedias para el padre de Elena. Años después, en 1587, tras enterarse de que Elena planeaba sustituirle por un influyente personaje madrileño (Francisco Perrenot Granvela), Lope difundió unos poemas infamantes contra ella y su familia, lo que le valió un destierro judicial de Madrid, por cuatro años, y de Castilla, por dos. En mayo de 1588, Lope toma por esposa a Isabel de Urbina Alderete (su Belisa), en Madrid. Isabel pertenecía a una familia muy influyente y de linaje antiguo, y es probable que el casamiento, aunque se realizó por poderes, pasara ante

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: AdobeDRM
    Seitenzahl: 132
    Erscheinungsdatum: 01.05.2013
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788498977400
    Verlag: Linkgua
    Größe: 199 kBytes
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Los tellos de Meneses

Jornada segunda

Sale la Infanta sola.

Infanta No se cansa mi fortuna

de engañarme y perseguirme,

pues, en mis desdichas firme,

no espero mudanza alguna.

Al hábito labrador

incliné mi majestad,

porque en tal desigualdad

desconociese el valor;

peor así me ha conocido

y ha hecho suertes en mí,

como si fuera quien fui

o supiera lo que he sido.

Serví en el rústico traje

que estoy, para ser ejemplo

de que no hay tan alto templo

que el tiempo no humille y baje;

y, aunque en la casa que estaba

su dueño bien me quería,

una hija que tenía

mis acciones envidiaba.

Fuerza fue no la sufrir,

porque no hay más que temer

que una envidiosa mujer

adonde se ha de servir;

que, si tantas penas pasa

quien por vecina la tiene,

a mayor desdicha viene

quien vive en la misma casa.

La de Tello de Meneses

me dicen que es por aquí.

¡Ay, Fortuna, si de mí

y de mi honor te dolieses!

Hame puesto un labrador,

que sus locuras me dijo,

miedo con Tello, su hijo,

para defender mi honor;

por otra parte he sabido

que es muy cortés y galán.

¿Dónde estos serranos van?

¡Qué dicha hubiera tenido

si fueran de su labranza!

Salen Sancho y Mendo.

Mendo Cuanto a Inés, Sancho, no quiero

obligarte con que espero

en sus desdenes mudanza.

Tengo tan poco favor

que, en dejar de pretender,

no pienso que pueda hacer

mayor servicio a mi amor.

Si te quiere bien a ti,

yo me rindo; tuya sea.

Sancho Amor me dice que crea

que me favorece a mí,

y no le falta razón;

que, bailando el otro día,

le dije que la tenía

en medio del corazón.

Con esto, en sala, en cocina,

dondequiera que la veo,

se ríe y muestra el deseo

que a tener mi amor la inclina.

Antiyer la pellizqué,

y tal mojicón me dio

que sin seso me dejó.

Mendo Y ¿es favor?

Sancho Pues ¿no lo fue,

si brazo y mano tenía

más limpio que están las flores?

Mendo Sancho, de tales favores

tengo yo muchos al día.

No tiene hacienda señor

para comprar cucharones,

con que me da coscorrones,

sin tenerlos por favor.

¡Oh, qué mal, Sancho, conoces

estas ninfas del fregado

que, como yeguas en prado,

retozan tirando coces!

Yo te la doy, pues estás

de esos favores contento.

Sancho Quejas oigo, pasos siento.

Mendo Quedo, no te informes más.

Serrana, que guarde Dios,

¿dónde bueno por aquí?

Infanta De casa de Aibar salí,

bien le conocéis los dos,

donde he servido dos meses.

Era importuna mi ama,

y voy buscando por fama

la de Tello de Meneses.

¿Sois suyos acaso?

Mendo Sí;

y a vos, detened el paso,

no os ha hecho el cielo acaso.

Infanta Dicha ha sido para mí

hallar de su casa gente.

Pero de cierta ocasión

traigo mala información.

Mendo Creed que la envidia miente.

Si queréis servir allá,

buen salario os aseguro.

Infanta Creedme que lo procuro.

¿Está lejos?

Mendo Cerca está.

Infanta ¿Querrame a mí?

Mendo ¿Qué decís?

Tal gracia y talle tenéis

que la casa mandaréis

si un mes en ella servís.

Habla aparte a Sancho.

Sancho, acoto esta mujer;

a Inés te di.

Sancho Soy un necio;

mas por la mitad del precio

pleito te quiero poner.

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