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Poemas von Almogaver, Juan Boscán (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 31.08.2010
  • Verlag: Linkgua
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Poemas

Poemas de Juan Boscán Almogaver Fragmento de la obra A la duquesa ¿A quién daré mis amorosos versos, que pretienden amor, con virtud junto, y desean también mostrars'hermosos? A ti, señora en quien todo esto cabe, a ti se den, por cuanto si carecen 5 destas cosas que digo que pretienden, en ti las hallarán cumplidamente. Recógelos con blanda mansedumbre si vieres que son blandos, y si no, recógelos como ellos merecieren. 10 Y si después t'importunaren mucho con llorar, porque así suelen hacello, no te parezcan mal sus tristes lloros, que, pues que son sus lágrimas con causa, no solo es gran razón que se consientan, 15 mas han de ser dolidas y lloradas por todos los que vieren donde caen. Ellos se van huyendo de mis manos pensando que podrán vivir doquiera, pero, según han sido regalados 20 y poco corregidos en sus vicios, a peligro andarán si en ti no hallan manera de vivir en sus regalos y amparo por valerse en sus errores. Si pasaren con honra, dales vida, 25 y si no, no les quites el remedio que'l tiempo les dará con su justicia: que mueran y que los cubra la tierra, y la tierra será el eterno olvido. Juan Boscán Almogaver (1493-1542). España. Hijo de una familia noble, recibió una excelente formación humanística, vivió en la Corte de los Reyes Católicos y después en la del emperador Carlos I. En ese entorno conoció al poeta Diego Hurtado de Mendoza. Boscán fue además embajador español en Italia y allí se hizo amigo de Garcilaso de la Vega. A su regreso Boscán introdujo en España el endecasílabo y las estrofas italianas (soneto, octava real, terceto encadenado, canción en estancias); el poema en endecasílabos blancos y los motivos y estructuras del Petrarquismo. Estas formas literarias fueron entonces adoptadas por Garcilaso de la Vega y Diego Hurtado de Mendoza. El endecasílabo fue junto al octosílabo el verso más usado en la lírica española y desde entonces el dodecasílabo, con un ritmo cerrado y menos flexible, fue en declive. Boscán preparó la edición de las obras de su amigo Garcilaso de la Vega junto a las suyas, pero murió antes de poder terminarla; por lo que su viuda se encargó del proyecto, que fue concluido en 1543 con el título Las obras de Boscán con algunas de Garcilaso de la Vega.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: AdobeDRM
    Seitenzahl: 562
    Erscheinungsdatum: 31.08.2010
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788498979084
    Verlag: Linkgua
    Größe: 527 kBytes
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Poemas

Libro II

A la Duquesa de Soma

He miedo de importunar a vuestra señoría con tantos libros. Pero ya que la importunidad no es excusa, pienso que habrá sido menos malo dalla repartida en partes, porque si la una acabare de cansar, será muy fácil remedio dejar las otras. Aunque tras esto me acuerdo agora que el cuarto libro ha de ser de las obras de Garcilaso, y éste no solamente espero yo que no cansará a nadie, mas aun dará muy gran alivio al cansancio de los otros. En el primero habrá vuestra señoría visto esas coplas (quiero decillo así) hechas a la castellana. Solía holgarse con ellas un hombre muy avisado y a quien vuestra señoría debe de conocer muy bien, que es don Diego de Mendoza. Mas paréceme que se holgaba con ellas como con niños, y así las llamaba las redondillas. Este segundo libro terná otras cosas hechas al modo italiano, las cuales serán sonetos y canciones, que las trobas desta arte así han sido llamadas siempre. La manera déstas es más grave y de más artificio y (si yo no me engaño) mucho mejor que la de las otras. Mas todavía, no embargante esto, cuando quise probar a hacellas no dejé de entender que tuviera en esto muchos reprensores. Porque la cosa era nueva en nuestra España y los nombres también nuevos, a lo menos muchos dellos, y en tanta novedad era imposible no temer con causa, y aun sin ella. Cuanto más que luego en poniendo las manos en esto, topé con hombres que me cansaron. Y en cosa que toda ella consiste en ingenio y en juicio, no tiniendo estas dos cosas más vida de cuanto tienen gusto, pues cansándome había de desgustarme, después de desgustado, no tenía donde pasar más adelante. Los unos se quejaban que en las trobas desta arte los consonantes no andaban tan descubiertos ni sonaban tanto como en las castellanas; otros decían que este verso no sabían si era verso o si era prosa, otros argüían diciendo que esto principalmente había de ser para mujeres y que ellas no curaban de cosas de sustancia sino del son de las palabras y de la dulzura del consonante. Estos hombres con estas sus opiniones me movieron a que me pusiese a entender mejor la cosa, porque entendiéndola viese más claro sus sinrazones. Y así cuanto más he querido llegar esto al cabo, discutiéndolo conmigo mismo, y platicándolo con otros, tanto más he visto el poco fundamento que ellos tuvieron en ponerme estos miedos. Y hanme parecido tan livianos sus argumentos, que de solo haber parado en ellos, poco o mucho me corro; y así me correría agora si quisiese responder a sus escrúpulos. Que ¿quién ha de responder a hombres que no se mueven sino al son de los consonantes? ¿Y quién se ha de poner en pláticas con gente que no sabe qué cosa es verso, sino aquel que calzado y vestido con el consonante os entra de un golpe por el un oído y os sale por el otro? Pues a los otros que dicen que estas cosas no siendo sino para mujeres no han de ser muy fundadas, ¿quién ha de gastar tiempo en respondelles? Tengo yo a las mujeres por tan sustanciales, las que aciertan a sello, y aciertan muchas, que en este caso quien se pusiese a defendellas las ofendería. Así que estos hombres y todos los de su arte, licencia ternán de decir lo que mandaren, que yo no pretiendo tanta amistad con ellos que, si hablaren mal, me ponga en trabajo de hablar bien para atajallos. Si a éstos mis obras les parecieren duras y tuvieren soledad de la multitud de los consonantes, ahí tienen un cancionero, que acordó de llamarse general, para que todos ellos vivan y descansen con él generalmente. Y si quisieren chistes también los hallarán a poca costa. Lo que agora a mí me queda por hacer saber a los que quisieren leer este mi libro es que no querría que me tuviesen por tan amigo de cosas nuevas que pensasen de mí que por hacerme inventor de estas trobas, las cuales hasta agora no las hemos visto usar en España, haya querido probar a hacellas. Antes quiero que sepan que ni yo jamás he hecho profesi

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