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Rimas y leyendas von Bécquer, Gustavo Adolfo (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 31.08.2010
  • Verlag: Linkgua
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Rimas y leyendas

Compendio de poemas pertenecientes al periodo del romanticismo en la literatura española. En las Leyendas, Bécquer expone sus teorías sobre la poesía y el amor. Sin embargo, fueron sus Rimas las que le aportaron mayor fama, ya que iniciaron la corriente romántica de poesía intimista inspirada en Heine y opuesta a la retórica y ampulosidad de poetas románticos anteriores. Las Rimas han sido publicadas en numerosas ocasiones y su influencia en toda la poesía moderna ha sido definitiva. Las más conocidas de ellas son El monte de las ánimas, El rayo de luna y El beso.

(Sevilla, 1836-Madrid, 1870). España. Nacido en Sevilla, el 17 de febrero de 1836, Gustavo Adolfo Bécquer era hijo de Joaquina Bastida Vargas y del pintor costumbrista José Domínguez Isausti (en parte de origen germanoflamenco). Su padre murió cuando Adolfo tenía cinco años de edad, y la madre falleció también cuatro años después, siendo él y sus siete hermanos recogidos por su tío Juan Vargas. Tras los estudios primarios en el colegio de San Antonio Abad, Gustavo Adolfo quedó bajo la tutoría de su madrina, Manuela Monhay, mujer de buena posición que lo hizo ingresar en el colegio de San Telmo con la intención de que se preparara para la carrera náutica. Pero este colegio cerró a los tres años, lo que alivió a Gustavo Adolfo, ya que no le interesaba la náutica, pero sí la lectura y la pintura, actividades que cultivó ya desde los catorce años de edad, gracias a la surtida biblioteca de su madrina y a su aprendizaje en el taller del pintor Antonio Cabral Bejarano y, después, en el de su tío Joaquín. A sus lecturas de autores como Chateaubriand, Balzac, Byron, Musset, Victor Hugo, Espronceda, Hoffmann y otros escritores románticos y realistas, añadiría posteriormente las de los clásicos y los renacentistas. Su hermano Valeriano se dedicaría plenamente a la pintura, pero Gustavo Adolfo hizo unos tanteos con los estudios de música antes de escoger la literatura definitivamente. En 1854, tras haber publicado ya Gustavo Adolfo algunos poemas en la revista madrileña El Trono y la Nobleza, pero con escasos recursos económicos, ambos hermanos se trasladaron a Madrid en busca de fortuna. Al principio, Gustavo Adolfo hubo de trabajar como oficinista en la Dirección de Bienes Nacionales, empleo del que pronto lo despidieron al descubrir que dedicaba parte de su tiempo a escribir poemas y hacer dibujos. Por entonces, como ya haría su padre, Adolfo había escogido el apellido de un antepasado paterno, Bécquer (en realidad, su quinto apellido), como nombre artístico, mucho más sonoro y acorde con sus planteamientos estéticos románticos; tanto sus escritos como sus pinturas y dibujos eran firmados con dicho nombre. Tras ser director de la efímera publicación El Mundo y redactor de El Porvenir, Bécquer fundó, junto a unos amigos, la revista España artística y literaria, que también cerró al poco tiempo. A partir de 1856, al tiempo que continuaba con su producción poética, Bécquer colaboró con Luis García Luna en la escritura y adaptación de algunas obras de teatro, que eran firmadas por el otro; también escribió (y firmó) a dos manos, con Juan de la Puerta, un primer volumen sobre la historia de los templos de España, que no tuvo continuidad. Además, Bécquer iría escribiendo biografías de políticos y artículos y realizando traducciones y dibujos.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: AdobeDRM
    Seitenzahl: 152
    Erscheinungsdatum: 31.08.2010
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788498978261
    Verlag: Linkgua
    Größe: 239kBytes
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Rimas y leyendas

Rimas

I Yo sé un himno gigante y extraño

que anuncia en la noche del alma una aurora,

y estas páginas son de ese himno

cadencias que el aire dilata en las sombras.

Yo quisiera escribirlo, del hombre

domando el rebelde, mezquino idioma,

con palabras que fuesen a un tiempo

suspiros y risas, colores y notas.

Pero en vano es luchar; que no hay cifra

capaz de encerrarlo, y apenas ¡oh, hermosa!

si, teniendo en mis manos las tuyas,

pudiera, al oído, contártelo a solas.

II Saeta que voladora

cruza, arrojada al azar,

sin adivinarse dónde

temblando se clavará;

hoja que del árbol seca

arrebata el vendaval,

sin que nadie acierte el surco

donde a caer volverá;

gigante ola que el viento

riza y empuja en el mar,

y rueda y pasa, y no sabe

qué playas buscando va;

luz que en cercos temblorosos

brilla, próxima a expirar,

ignorándose cuál de ellos

el último brillará;

eso soy yo, que al acaso

cruzo el mundo, sin pensar

de dónde vengo ni a dónde

mis pasos me llevarán.

III Sacudimiento extraño

que agita las ideas,

como el huracán empuja

las olas en tropel;

murmullo que en el alma

se eleva y va creciendo,

como volcán que sordo

anuncia que va a arder;

deformes siluetas

de seres imposibles;

paisajes que aparecen

como a través de un tul;

colores, que fundiéndose

remedan en el aire

los átomos del iris,

que nadan en la luz;

ideas sin palabras,

palabras sin sentido;

cadencias que no tienen

ni ritmo ni compás;

memorias y deseo

de cosas que no existen;

accesos de alegría,

impulsos de llorar;

actividad nerviosa

que no halla en qué emplearse;

sin rienda que lo guíe

caballo volador;

locura que el espíritu

exalta y enardece;

embriaguez divina

del genio creador...

¡Tal es la inspiración!

Gigante voz que el caos

ordena en el cerebro,

y entre las sombras hace

la luz aparecer;

brillante rienda de oro

que poderosa enfrena

de la exaltada mente

el volador corcel;

hilo de luz que en haces

los pensamientos ata;

Sol que las nubes rompe

y toca en el cenit;

inteligente mano

que en un collar de perlas

consigue las indóciles

palabras reunir;

armonioso ritmo

que con cadencia y número

las fugitivas notas

encierra en el compás;

cincel que el bloque muerde

la estatua modelando,

y la belleza plástica

añade a la ideal;

atmósfera en que giran

con orden las ideas,

cual átomos que agrupa

recóndita atracción

raudal en cuyas ondas

su sed la fiebre apaga;

oasis que al espíritu

devuelve su vigor...

¡Tal es nuestra razón!

Con ambas siempre lucha

y de ambas vencedor,

tan sólo el genio puede

a un yugo atar las dos.

IV No digáis que agotado su tesoro,

de asuntos falta, enmudeció la lira;

podrá no haber poetas; pero siempre

habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso

palpiten encendidas;

mientras el Sol las desgarradas nubes

de fuego y oro vista;

mientras el aire en su regazo lleve

perfumes y armonías;

mientras haya en el mundo primavera,

¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance

las fuentes de la vida,

y en el mar o en el cielo haya un abismo

que al cálculo resista;

mientras la humanidad, siempre avanzando

no sepa a do camina;

mientras haya un misterio para el hombre,

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