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Zafira von Manzano, Juan Francisco (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 31.08.2010
  • Verlag: Linkgua
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Zafira

Esta obra dramática relata un conflicto dinástico ambientado en Mauritania. Juan Francisco Manzano (1797-...). Cuba. En algún día del mes de agosto de 1797 nació, esclavo, el primer hombre de piel negra que leyó en público en Cuba sus propios poemas. Se trataba del soneto 'Mis treinta años', leído en la tertulia de Domingo del Monte en 1836 y publicado un año después. El poeta tenía cuarenta años y cierta fama lo había precedido en aquella incursión. Quince años atrás había publicado con licencia de sus amos, Cantos a Lesbia en 1821 y luego, en 1830, Flores Pasageras (sic), de los cuales no se conserva ni un solo ejemplar. De aquella lectura y del interés de Del Monte surgió la idea de recaudar los 850 pesos que exigió la dueña para comprar la libertad de Manzano, de modo que en 1837 era ya libre cuando fueron publicados en El aguinaldo habanero los sonetos 'A la ciudad de Matanzas' y 'Mis treinta años'. De aquella lectura del año 1836 salió también la proposición de Del Monte para que el esclavo escribiera su autobiografía. Su primera parte fue publicada primero en inglés gracias al interés de Richard R. Madden, quien tradujo una copia corregida por Anselmo Suárez y Romero. Sólo mucho después apareció la versión original. La segunda parte de la Autobiografía de Manzano se perdió.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: AdobeDRM
    Seitenzahl: 114
    Erscheinungsdatum: 31.08.2010
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788498975000
    Verlag: Linkgua
    Größe: 206 kBytes
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Zafira

ACTO SEGUNDO. EL RECONOCIMIENTO

Continúa la misma decoración y sale Zafira por donde partió.
Escena I

Zafira Nada en mis dudas aclarar consigo,

Y Colifa aún no vuelve, el tiempo vuela,

Barbarroja triunfante de los pueblos

Que osaron levantarse, ya se acerca,

Y la sangre a correr torna de nuevo

Para brindarme como fruto de ella

La elevación a un trono... ¡Oh! nunca, nunca

Sus gradas pisaré: la tumba encierra

Más sublime expresión para mi alma.
Escena II

Dicha y Dalí con júbilo y reserva.

Dalí Participa conmigo alegres nuevas.

Zafira (Con tristeza.) ¡Las habrá para mí!

Dalí (Déjase ver Selim al frente como oyendo.)

Selim tu hijo.

A quien la suerte próspera sustenta...

Zafira (Interrumpiéndole.)

¿Ha vuelto a Mauritania, tú le has visto?

¿Quién le aleja de mí, dónde se hospeda?

¿Dudará de mi amor?

Dalí No: te equivocas,

Pluguiera al justo cielo que tan cerca

De nosotros se hallase; pero pronto

Le veremos aquí. La vez aquella

Que cual sombra salida del averno,

Con faz adusta de pavor cubierta

Un mensajero oscuro y misterioso

Aquí vino a dejar la triste nueva

De su temprana muerte, que gemimos,

Y con felicidad cumplió su empresa

Hablando de tal modo que el monarca

Nada temiese ya de su existencia,

Fue sólo de tu hijo un emisario

Que descubrir tu situación debiera.

Zafira Con que vive, gran Dios!!!

Dalí Sí, vive, vive;

Y fulminante cual veloz centella

Vuela a nosotros del deber llamado,

Resplandeciente y grande a la manera

Que el astro precursor de la mañana

Por el espacio fúlgido se eleva

Trayendo en pos el luminar del día;

Y al empezar su espléndida carrera

Disípanse las sombras nocturnales

Que hurtan la luz a la dormida tierra

Así, en mi gozo, le contempla el alma

Y de entusiasmo el corazón me llena.

Zafira ¿Quién dio noticia tal...?

Dalí No dudes nada

Ese extranjero que a anunciarle llega

Depositando en mí todo el secreto,

Esta carta me dio, he aquí su letra.

(Saca una carta que va abrir; pero sale Selim y lo contiene reprendiéndole: Zafira lo mira con interés queriendo conocerle.)
Escena III

Dichos y Selim

Selim Dalí!!!

(Le hace doblar la caria: le habla en secreto mientras Zafira representa.)

Zafira ¡Oh!!! ¿es él... acaso será un sueño

Como mil que brillaron en mi idea

Para volar después con mi esperanza?

Dalí Es un error, miradla, nada temas:

Ésta es su madre, su infelice madre,

En cuyos ojos de correr no cesa

El llanto consagrado a su memoria:

Habladla, pues.

Selim (Turbado.) ¡Qué confusión!... no puedo.

Zafira ¡Oh divina bondad, que voz secreta

Llama en mi corazón! Dime extranjero

¿Conocéis a Selim?

Selim Y muy de cerca.

Zafira ¡Ah cuánta semejanza! ¿Y vuestro nombre?

Selim Es secreto.

(Procurando ocultar su turbación.)

Zafira Secreto!...

(Se llega a Dalí y hablan entre sí.)

Selim ¡Cuánto aqueja

(Aparte con voz reprimida sentimental.)

Este disfraz a mi sensible pecho!

Nunca probé la poderosa fuerza

Del afecto filial, que en mí se inflama

Con tan vehemente ardor ¡Ah! si pudiera

Arrojarme en sus brazos y decirla:

Madre del corazón, madre adorada,

Y embriagado de gozo en sus ternezas

Sentirme renacer, mas no hay remedi

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