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Alcohol de 99º von Marañón, Manu López (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 18.12.2015
  • Verlag: Ediciones Oblicuas
eBook (ePUB)
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Alcohol de 99º

Arturo Basabe y Asís Romerales son dos traficantes de droga que huyen de un acreedor a quien no pueden pagar. Detrás dejan un pasado de robos, reformatorios y cárceles. Los acompaña Fredi, un timador a quien conocieron en prisión y que convence a sus amigos para ir tras los pasos de su novia, Dora, que lo espera en Barcelona. Durante este viaje se toparán con un elenco de estrambóticos personajes entre los que destaca un fuguista, un ex bolerista, una prostituta reconvertida en atracción del restaurante de moda en la capital catalana y un terrorista. Estos nuevos "siete locos", del mismo linaje que aquellos erigidos por Roberto Arlt (y no menos turbulentos), tratan de abrirse paso, a tiro limpio si fuera menester, en la narrativa española. Manu López Marañón nació en Bilbao en marzo de 1966. Es diplomado en Relaciones Laborales y máster en Prevención (especialidad Seguridad e Higiene en el Trabajo). Residió un año en Buenos Aires tras ser becado por el Gobierno Vasco para llevar a cabo un trabajo sobre la legislación laboral argentina. En la actualidad se dedica en exclusiva a escribir guiones cinematográficos y a la literatura. Alcohol de 99º es su primera obra publicada.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: watermark
    Seitenzahl: 400
    Erscheinungsdatum: 18.12.2015
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788416627066
    Verlag: Ediciones Oblicuas
    Größe: 3227 kBytes
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Alcohol de 99º

2. You shook me all night long

Con el dinero que rescataron del naufragio y algo más, acumulado durante el invierno más terrible de sus jóvenes vidas, Artur y Asís subieron a las Cortes.

Apoyado sobre la barra del Shangai, entre dos mujeronas despechugadas de sombrajos en los párpados, a las que no hacía caso pero pagaba las copas, encontraron a El Muesca. Pensaban entrevistarse con un viejo, y en su lugar se hallaban frente a un treintañero que llevaba un pantalón de cuero y una gorra cubriendo su chupada cabeza. En cuanto supo que venían para meterlo en tratos su cara de serpiente se iluminó y los pasó a un reservado cuyas bombillas tamizaban las facciones.

Al Muesca no se le había borrado el acento andaluz, pero de inmediato -y con una eficacia debida más al gesto que a las palabras- hacía comprender, a quien tuviera delante, que los bajos fondos de Bilbao carecían para él de secretos.

Enterado de qué buscaban se encaminaron hacia la calle Cantera.

A esas aceras descabaladas que huelen a mierda las perfumaba aquella soleada tarde de marzo un hedor a pétalos podridos que aportaba alguna cloaca obstruida. Pararon en un portal. En el zaguán Artur tuvo que encender su mechero. El Muesca subía orientándose como si fuera nictálope. Ellos, a tientas. Roídos por ratas y polillas los peldaños crujían; debían agarrarse a la barandilla, llevándose el polvo, alumbrados apenas por el encendedor. La casa conservaba idéntico rastro perdulario. El anfitrión los hizo sentar en dos taburetes que había en la cocina. Anochecía, y el bombillón que colgaba del techo era tan tenue que ni hacía sombras.

El Muesca abrió un armario y sacó una escopeta.

-Este trabuco es para cazar osos -les dijo-. Ideal para recortar.

-Déjate de leches. A ver las pipas -dijo Asís-. Las queremos buenas.

El Muesca dejó la escopeta sobre la encimera. En la otra mano sostenía una Bernardelli 9mm.

-Qué armatroste.

-De las armas italianas se dice: "Buen diseño, mala calidad". Y la verdad es que las Bernardelli suelen fallar...

-¿Y no tienes otra cosa? Para eso -Asís sacó su Star y desplazó la corredera-, para eso arreglamos ésta y tan contentos.

-¿Qué le pasa?

-La llevaron a una armería para inutilizarla. ¿Se puede...?

-Chatarra. Les hacen un agujero en la recámara. -El Muesca se pasaba el arma de una a otra mano-. Además, de paso, le han obturado el caño. Fijaros. Para asustar a alguna vieja lo único.

Se levantó y sacó una Llama de calibre 22.

-¿Qué os parece?

-Necesitamos dos.

-Esperar -y salió.

Artur y Asís se turnaban la pistola. El Muesca regresó con dos revólveres.

-Esas pistolas tienen problemas de encasquillamiento... La verdad es que Llama hace mejores revólveres que pistolas. Como esta pareja. Calibre 38, de guardia jurado.

Se agachó y palmeó uno en el suelo. Al dejar de moverse el disparador quedó a los pies de Asís. Les avisó:

-Están con ruina. No puedo ofreceros nada mejor.

-¿Cómo lo ves?

-Chungo. -Artur empuñó el revólver con ganas-. Si nos ligan podemos cargar con un mochuelo ajeno.

-Bah, los limpiamos y quedan como nuevos.

-No seas idiota, tío. Con la prueba de la parafina vamos listos, a que sí.

-Tampoco es infalible -le contestó el Muesca a Artur-. Dicen que si frotas sobre las manos un trapo bañado en alcohol de 99 grados es imposible saber que has disparado.

Asís apuntaba con el otro revólver. Tenía el acabado de lo irreversible, de algo que podía segar la vida de cualquiera y salvarlo de la desgracia. Se decidieron. El Muesca pedía veinticinco mil por cada uno. Les acabó dejando la pareja por cuarenta mil.

Les regaló una mochila y dos cajas de balas.

-Para que peguéis vuestros primeros disparos a mi salud -dijo. Luego añadió: -Os veré darlos, en el precio incluyo unas clases. Pasaros después del pienso y vamos

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