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Bumi Barú von Manes, Marta (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 01.12.2014
  • Verlag: Editorial Bubok Publishing
eBook (ePUB)
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Bumi Barú

El mundo parecía haberse vuelto loco. La avaricia, el poder, la corrupción y la indiferencia contaminaban la sociedad en todos los continentes. Judith vivió una época convulsa que le llevó a luchar por un sueño. Clara, su hija, tras comprender los acontecimientos del pasado de Europa y el resto de países, decidirá cuál es el verdadero sentido de su vida.

El comportamiento individualizado de las personas, nuestros actos, nos llevarán de modo global a todos hacia un mismo destino. El que nosotros escojamos. El egoísmo y odio hacia la destrucción. El respeto y la empatía con lo que nos rodea, hacia una convivencia en armonía con el universo. Nuestro entorno.

He aquí el hilo, el punto de partida de dos historias que quieren mostrarse cercanas al lector. Esta podría ser la ficción de un futuro, no muy lejano, que se une a otra historia ubicada en el pasado, llena de recuerdos de una época, una ciudad, una sociedad, y un bastidor de un artista, ambas historias avanzan simultáneamente.

Tal vez, al llegar al final, algo me sugiera o me dé una pista, entonces sentiré que es el momento de firmarla, no tocarla más y empezar otra nueva. Pero mientras no suceda así, mi mente busca entre los recuerdos. Trata de tejer un orden, encontrar un color, una armonía y un equilibrio para que todo se sostenga y de ese modo, uniéndolos unos a otros, completar la obra.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: none
    Seitenzahl: 326
    Erscheinungsdatum: 01.12.2014
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788468604305
    Verlag: Editorial Bubok Publishing
    Größe: 1357 kBytes
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Bumi Barú

T ONO: PASTEL SUAVE

C APíTULO 1

Qué suerte tenía aquella tarde. Aquello sí que era un premio. Recuerdo que estaban dando dibujos animados en blanco y negro, pero mi mente y mi mirada no podían alejarse de aquel gigantesco frasco con tapa de cristal y goma de caucho naranja que mis piernas sujetaban con fuerza, como si quisiera escaparse de allí. El enorme cucharón que sostenía en mi mano ascendía y descendía con una rapidez vertiginosa. Llegué a pensar que me lo acabaría entero, pero no fue así. Mi hermano, por el contrario, menos apresurado, también iba reclamando su ración del suculento premio con su respectiva cuchara.

No obstante, ni tan siquiera llegamos entre los dos a tomar la mitad de aquel impresionante festín. No recordaba haber tomado tanta Nocilla de golpe en mi vida. Bien mirado, aquel gigantesco frasco lo era menos y el cucharón era una cucharilla de postre que sostenían mis regordetes dedos de niña.

Por entonces solo tenía tres años, y lo que menos imaginaba es que mi mente buscaría en los recuerdos y recrearía a lo largo de mi vida esta imagen junto a otras muchas más.

Me llamo Carina, Carina Vidal Pueyo, para ser exacta. Éste era un nombre inusual a finales de los años sesenta pero creo que mis padres acertaron al ponérmelo porque encajaba con mi físico insólito como anillo al dedo.

Nací una noche banal y negra de primavera, sin luna, del año 1969, pero al llegar a este mundo iluminé los rostros de los médicos y enfermeras. También sorprendí las expectativas de mis padres después de nueve meses de espera. Mi minúsculo cuerpo de bebé parecía irradiar luz como la luminiscencia de una estrella.

Hubo un tiempo en el que fuimos cinco en la familia, incluso seis a mi modo de ver, pero esto depende de los ojos con que se miren los acontecimientos y se acepten las vivencias de la vida. Mejor si os explico lo que sucedió con calma desde el principio, seguro que entonces me entenderéis.

En casa el espacio no era holgado, más bien era escaso para los cinco miembros de la familia, pero disponíamos de lo necesario. De hecho, aquel pisito de alquiler no estaba nada mal para una pareja joven de clase obrera recién casada a finales de los sesenta. Papá era el sustento, el que trabajaba. De carácter decidido desde sus inicios, montó un pequeño negocio para no depender de nadie. Ésta fue su respuesta ante la pregunta: ¿buscarse la vida o ganarse el pan?

Su trabajo le ocupaba la mayor parte del día pero su sueldo conseguía cubrir los gastos de unas escuetas expectativas que con el tiempo llegaron a crecer hasta límites insospechados.

Mamá, al principio, se quedó en casa con la intención de cuidarnos. Determinó encargarse de las labores del hogar y atendernos, pero este detalle se modificó de forma vertiginosa, al igual que muchos otros puntos básicos que iniciaron nuestro camino familiar.

Mi habitación era minúscula y se encontraba al lado de la puerta de entrada del piso. A continuación, había un pasillo estrecho, de unos cuatro metros de largo, que finalizaba en el comedor. El único cuarto de baño de la casa estaba ubicado allí. Cuando me castigaban, de vez en cuando, solía visitarlo un rato. Como he dicho hace un instante, el pasillo conducía hasta el comedor donde se encontraba la mesa, y aunque a duras penas cabía un sofá de tres plazas, nosotros le llamábamos salón para proporcionarle cierta categoría. Desde allí se distinguían dos puertas.

La primera conducía a la habitación de Quimet Vidal Pueyo, mi primer hermano, el mayor. Éste la compartió brevemente con mi otro hermano mellizo, llamado Marc Vidal Pueyo. Dos años me separaban de ellos.

Curiosamente, entre los dos chicos, dos horas y una infinidad de rasgos opuestos les distanciaban. Físicamente Marc, el segundo en nacer, era un bebé rubito, rollizo y rosado, "de vida", dijeron algunos de nuestros familiares en el hospital cuando le

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