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Dismundo von Martiínez, Rogelio Blanco (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 04.11.2011
  • Verlag: Reino de Cordelia
eBook (ePUB)
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Dismundo

En el país más profundo de un país una aldea bautizada Dismundo, la negación del mundo, vive un abandono sin horizontes ni destino. Rogelio Blanco ofrece nueve retazos de un universo rural del que todos apartan la mirada y en el que los muchachos aspiran a cultivar la tierra de algún amo y las chicas a emigrar a la capital como criadas. Con una humildad que rebosa ternura, emoción y lirismo humano se cuentan las historias cotidianas de Armelinda, Domiciano, Leontino, Robustiano, Librada Personajes de nombres atávicos, la mayoría de raíz visigótica, que han logrado escapar de la muerte: la mitad de la tumbas del cementerio pertenecen a niños que duermen el sueño eterno bajo los brezales acosados por el viento. En palabras de Juan Gelman, 'un universo nocturno en el que hay que aguzar la vista para apreciar el fulgor de cada uno de sus astros'.

Rogelio Blanco Martínez (Morriondo de Cepeda, León) Ha habitado en el mundo del libro desde distintos ámbitos: editor de libros y revistas, prologuista, coordinador de proyectos editoriales, y desde el año 2004 como Director General del Libro, Archivos y Bibliotecas, en el Ministerio de Cultura. También es un autor prolífico y de inquietudes diversas, pues ha tocado casi todos los géneros a través de las siguientes obras: La pedagogía de Paulo Freire; La ciudad ausente; Pedro Montengón y Paret, un ilustrado ante la utopía y la realidad; La ilustración en Europa y en España; Zambrano; La escala de Jacob; El odre de Agra; La vara de Aarón; La dama peregrina; La honda de David; y Un día cualquiera: el diario de Edwuardo. Ha participado, además, en varios libros colectivos, y es autor de múltiples artículos publicados en prensa y en revistas especializadas. Dismundo es su primera obra de relatos cortos.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: AdobeDRM
    Seitenzahl: 128
    Erscheinungsdatum: 04.11.2011
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788493938253
    Verlag: Reino de Cordelia
    Größe: 413 kBytes
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Dismundo

El coscorito de Leontino

E N DISMUNDO DE LOS BREZALES , aldea poco comunicada y enclavada entre oteros y a mil metros de altitud, y de clima extremado, las tardías heladas primaverales suelen castigar intensamente la floració;n de los escasos árboles frutales, si bien los dismundianos los plantan en las solanas, en "las abrigadas" o en espacios protegidos de las gélidas noches de mayo. Añ;o tras añ;o, los habitantes se quedaban sin las necesarias vitaminas que aportaba la fruta. Además, y dado el aislamiento de la aldea, los vendedores ambulantes acudían de tarde en tarde. La remesa de productos que ofrecían, la fruta, excepto las naranjas en Navidades, no figuraba. Aceite, sal, pimienta, azú;car y otros comestibles elaborados eran los que se intercambiaban casi siempre por huevos. Uno de los vendedores frecuentes era el tío Bolinches, quien a pesar de su manifiesta cojera viajaba de pueblo en pueblo sobre un viejo mulo y trucaba un cuarto de litro de aceite por dos docenas de huevos que iba depositando sobre las angarillas de la bestia de carga. Las angarillas, alguna vez fueron blanco de las piedras que Rudesindo y Robustiano, los niñ;os afamados por sus travesuras, que lanzaban contra los huevos. El pobre comerciante gritaba desesperado, pues no podía bajarse del mulo si no encontraba una pared o desnivel adecuados. Su margen de ganancia era tan ajustado que cualquier rotura de los huevos lo mermaba sensiblemente. En las fechas pró;ximas a la Navidad solía entrar en el pueblo un pequeñ;o camió;n, cuyos propietarios decían ser valencianos. Cambiaban un kilo de naranjas por tres de patatas. Las naranjas, de buena presencia, solían ofrecer un jugo ácido y si eran dulces, la monda era de tal grosor que dejaba en escaso tamañ;o la parte comestible. Un añ;o más, las heladas frustraron las cosechas de los frutales. Y un añ;o más só;lo el cerezo de Leontino se había salvado. Llegado el mes de junio, las cerezas empezaban a "pintear" y a ofrecerse golosas al paso de los viandantes. A los dismundianos les era importante no dejar detenida su mirada en el cerezo. Leontino y su familia se manifestaban orgullosos de su árbol. Cirilo, el hijo de Leontino, seleccionaba a los amigos de compañ;ía. Durante la época de las cerezas Cirilo era el amigo más deseado, pues su amistad podía procurar algú;n puñ;ado de cerezas. En el mes de julio, el árbol se brindaba esplendoroso. Las hojas verdes dejaban entrever las carnosas cerezas rojas. Cuando el aire agitaba las hojas del árbol, aú;n señ;oreaban más. Leontino debía proteger el árbol de los pájaros y de los vecinos. Colocaba espantapájaros, cencerras de las ovejas o sencillamente lanzaba disparos de pó;lvora cada vez que una manada de tordos invadía el cerezo. Para desanimar a los vecinos colocó; una tablilla en la que podía leerse: "En bien del goloso, ojo al gato". El gato es un dispositivo mecánico que sirve para cazar zorros u otras alimañ;as; en otras palabras, "gato" era el nombre que en el pueblo daban al cepo-trampa. - ¡Malditos gorriones! No hay quien los eche. ¡Que se vayan a los trigales! - refunfuñ;aban tanto Leontino como su esposa Adelina. Robustiano y Rudesindo no pudieron evitar la tentació;n de las cerezas. Planearon, durante una noche sin luna, atacar al cerezo de Leontino. Aquella tarde le preguntaron a Cirilo dó;nde estaba su padre, pues en julio, época de riego, los hombres pasaban la noche regando las patatas o maíc

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