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El viaje involuntario de un suicida por afición von einzlkind (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 28.10.2011
  • Verlag: Ediciones Siruela
eBook (ePUB)
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El viaje involuntario de un suicida por afición

A Harold le gusta suicidarse. Tiene la misma afición que su tocayo de Harold y Maude, una película estadounidense de los años 1970. Es lo único en lo que coinciden, pues Harold vive en Londres, tiene cuarenta y nueve años y acaba de perder su puesto de trabajo como vendedor de salchichas. Los jueves juega al bridge con tres señoras mayores. Una vida muy normal. Hasta que Melvin, de once años, llama a su puerta. Melvin busca a su padre, y Harold accede a acompañarle en un recorrido a través de Inglaterra e Irlanda, donde se encontrarán con Humphrey Bogart, Jonny Danger y Miss Pink Flamingo... Un delirante viaje en el que el lector irá de la mano de la más extraña pareja. einzlkind [hijo único] es el intrigante seudónimo tras el que se oculta el autor revelación de la temporada. Vive en Inglaterra. O en Alemania. Es un no fumador militante de gran sobrepeso. Acaba de comprarse una cafetera nueva. Se le había roto la que tenía.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: watermark
    Seitenzahl: 240
    Erscheinungsdatum: 28.10.2011
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788498416305
    Verlag: Ediciones Siruela
    Größe: 370 kBytes
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El viaje involuntario de un suicida por afición

Jueves

1

Harold siempre había creído que, después de morir mamá, heredaría el chalé y podría ahorcarse en la entrada dos veces por semana. Nunca pensó más allá. Pero cuando murió mamá no había quien pagara las deudas y, si el tío Derringham no se hubiera enfrentado al papeleo con la valentía de un héroe, quién sabe qué habría sido de Harold. Por suerte, el tío Derringham consiguió poner a su nombre la casa de alquiler de Golborne Road y acoger a Harold en el bajo en unas condiciones bastante buenas. Entretanto, Harold ha aprendido a valorar la seguridad, la retirada y lo eterno. Alguna vez incluso la sintonía consigo mismo, además de con el mensaje de su delantal, en el que pone: "Me llamo Harold. ¿En qué puedo servirle?".

No es mucho lo que Harold puede hacer por sus semejantes. Tampoco éstos esperan gran cosa de él, y en un día como el de hoy el tiempo maltrata el buen humor de la gente, porque del cielo caen rayos que fulminan árboles. Sólo se oye lo que pasa. Verse no se ve absolutamente nada. No hay ventanas aquí abajo. Siempre ha sido así y, si se va a buscar algo bajo tierra, nadie espera encontrar nada distinto. La luz es artificial: inunda el pasillo desde el techo, se refleja y quiebra; en algunos rincones sólo brilla tenuemente, en otros deslumbra de forma sobrenatural. A los animales les da igual, ya no ven ninguna luz. Aunque el cerdo aún conserva los ojos. Brillan oscuros en su cabeza rosada. Tiene una pinta tan saludable que uno casi podría pensar que todavía vive, aunque sin cuerpo es imposible. Lo hay troceado, en filetes o picado. Todo tiene que tener buena pinta, fresca y con color intenso. Pero no debe brillar nunca, porque entonces los clientes no tendrían buenas vibraciones.

Al mediodía, Harold puede salir fuera siempre que le apetezca, durante la pausa. Por la puerta de los empleados, subiendo la escalera pequeña y cruzando después el patio de atrás, donde se pudre la basura en contenedores grises y el personal distrae el vicio echando humo. Cuando puede, Harold intenta evitar ese lugar, no tanto por los gatos vagabundos y las ratas que, si no se sienten observadas, salen deslizándose de todas las esquinas, rincones y agujeros para saciar su hambre en la mercancía putrefacta. Más bien lo evita por culpa del enemigo, que responde al nombre de Carol.

De la sección de lácteos.

Su mostrador está sólo a diez metros del de Harold en línea recta, y a veces lleva una cinta rosa en el pelo. Pero no es más que una forma de disimular, un intento de distraer la atención de su verdadero yo, de algo que no puede describirse con palabras y que está directamente relacionado con la experiencia del dolor. Cuando mira a Harold, su expresión dice claramente: "Asesina en serie". A veces también "Colona de asentamiento hebreo". Le mete miedo a Harold con eso. Como el primer día, cuando al saludarle le estrujó la mano y como quien echa un piropo le dijo: "Tú no sobrevives aquí ni una semana". Al principio, a Harold le sedujo la idea cruel de que Carol fuera atropellada por un camión de camino al trabajo. Pero ahora ya tiene claro que es mucho más probable que sea Carol la que atropelle al camión. Harold desconoce la razón por la que Carol muerde de semejante manera, sin soltar la presa. A lo mejor la violaron repetidamente cuando era niña, por su padre o por su hermano o por los dos. Y a lo mejor Harold se parece al padre o al hermano. Ella nunca se lo ha dicho.

En diez minutos Harold tiene que ir a ver a Mr. Hopkins. Carol lo sabe. Ha escrito más de 50 post-its , que están ahora pegados en el mostrador, en los armarios, en el fregadero, en hachas, cuchillos y tijeras. Mucha mierda. Mucha suerte. El tiempo todo lo cura . Ha dejado una foto metida en un sobre rosa junto a la báscula. Una instantánea en alta resolución y con los bordes borrosos que muestra a Carol rompiéndole el cuello a una paloma, aunque no

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