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Idiopatía von Byers, Sam (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 15.09.2014
  • Verlag: Ediciones Siruela
eBook (ePUB)
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Idiopatía

Katherine ya no cree en la felicidad. A los treinta años, atrapada en una ciudad y estancada en un trabajo que odia, su creciente cinismo y mordacidad repelen a las personas a las que quiere atraer y atraen a la gente a la que sabe que debería repeler. Su ex, Daniel, no está seguro de querer a su nueva novia. Cuando Nathan, amigo de ambos, vuelve del psiquiátrico donde ha pasado una temporada y descubre que su madre se ha convertido en una escritora de éxito y estrella de Twitter con el nombre de Madre Coraje, Katherine, Daniel y Nathan deciden verse para curar viejas heridas y reafirmar su amistad. ¿Terminará bien el encuentro? Casi con seguridad que no.Escrita con un estilo deslumbrante y una profunda sagacidad, entre la sátira despiadada y el relato conmovedor de amor y soledad, Idiopatía describe con lucidez la maraña de relaciones y el narcisismo desquiciado de una generación obsesionada consigo misma. Esta novela, que dirige el tiro contra el ecologismo militante, la charlatanería de la autoayuda y una extraña epidemia del ganado, anuncia la llegada de un talento formidable y salvajemente divertido.

Sam Byers (Norwich, Inglaterra, 1979) está graduado por la Universidad de East Anglia en Escritura Creativa. Colabora habitualmente en Granta, The Times Literary Supplement y The New York Times. Su primera novela, Idiopatía, finalista del Costa First Novel Award, se ha convertido en un fenómeno de ventas y crítica en Reino Unido y Estados Unidos, y será publicada próximamente en doce países.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: watermark
    Seitenzahl: 296
    Erscheinungsdatum: 15.09.2014
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788416208685
    Verlag: Ediciones Siruela
    Größe: 846 kBytes
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Idiopatía

D aniel estaba en la cama cuando recibió el mensaje de Katherine. Llevaba tres días fuera de juego por culpa de lo que Angelica, con muy poca empatía, había diagnosticado como la gripe de Dan.

Siempre había tenido una salud de hierro, pero de un tiempo a esta parte había empezado a desarrollar una extraña relación con la enfermedad. Pasaba largos períodos con sensación de malestar.

-Creo que estoy cogiendo algo -decía señalándose vagamente la nariz o la garganta, aunque no sabía explicar los síntomas-. Noto algo raro..., como una especie de...

-¿Como una especie de hipocondría? -contestaba Angelica, sin poder evitarlo-. ¿Como una especie de impresión imaginaria?

-No, como una sensación, noto una sensación en la garganta. Creo que me pasa algo.

Siempre estaba a punto de sucumbir, como él decía, pero lo raro es que nunca llegaba a desarrollar una enfermedad observable. Su relación con la enfermedad era un flirteo, y solo una dolencia especialmente atractiva lograba tentarlo a meterse en la cama. Cuando esto ocurría, Daniel reaccionaba con la altisonancia que cabía esperar de un hombre que se pasaba la vida añorando y aplazando.

-No, no -decía mientras se sonaba los mocos y tiraba el pañuelo de papel lleno de pegotes al montón con el que llevaba la cuenta del récord cuantitativo de su enfermedad-. Está claro que no es un resfriado. Tengo el estómago raro y eso me hace pensar que es más bien...

No sabía qué le pasaba. En todo el tiempo que estuvo con Katherine, Daniel solo se puso enfermo una vez, como mucho dos, y casi no se había atrevido a reconocerlo. Presumía de su resistencia. En su trabajo anterior guardaba una copia del famoso eslogan del mariscal Montgomery: "Estoy en forma al 99%. Y ¿tú?". La verdad es que era muy raro, teniendo en cuenta lo enfermiza que había sido en general su relación con Katherine. Quizá, pensó, nunca llegamos a estar libres de la enfermedad; únicamente la relegamos a otras facetas de la vida.

En esta ocasión, Daniel había sucumbido a algo que no era exactamente una gripe, porque iba acompañado de cierta fatiga y de dolor lumbar, cosas que, según la idea que Daniel tenía de la gripe, no eran parte normal de esta dolencia. Respondiendo con su inmediatez de costumbre en cuanto quedó claro que esta vez era algo más que un simple achaque, se metió en la cama y allí pasó casi setenta y dos horas, levantándose solo esporádicamente para satisfacer necesidades como una tostada o un zumo de naranja o ir al cuarto de baño. Al tercer día estaba hecho una pena. La cama apestaba. Estaba sucio y sin afeitar, y tenía el pijama que daba grima verlo.

Lo decepcionante, a pesar de estos claros indicadores externos, era que Daniel empezada a presentar signos de recuperación, y esto le hizo pensar que quizá la enfermedad había seguido su curso y ya iba siendo hora de levantarse y adecentarse para parecer mínimamente humano antes de que Angelica se impacientara y se enfadase de verdad en lugar de reírse de él. Como habían invitado a unos amigos a cenar (o, más exactamente, Angelica había invitado a sus amigos a cenar), tenía cierta presión para recuperarse, y, por más que le fastidiara, juzgó preferible salir de la cama a pasar la noche oyendo el eco de sus risas en el piso de abajo.

A Daniel le gustaba estar enfermo. Le parecía casi un lujo decadente. Era sumamente organizado y cumplidor, y consideraba que la enfermedad era una de las pocas ocasiones en las que podía dejarse llevar. Bebía muy de vez en cuando y, aunque había experimentado con las drogas en el pasado -por lo general bajo la supervisión de Nathan, que tenía una capacidad ilimitada para el consumo de sustancias ilegales, y también ligeramente seductora en opinión de Daniel-, nunca había sido de los que adquieren el hábito de relajarse con sustancias químicas. Lo cierto era que solo se sentía tentado de verdad cuando Angelica declaraba, basta

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