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La biblioteca del Capitán Nemo von Enquist, Per Olov (eBook)

  • Verlag: Nórdica Libros
eBook (ePUB)
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La biblioteca del Capitán Nemo

El mismo día, en la misma sala de hospital, dos mujeres de la misma aldea dieron a luz a un niño. Seis años más tarde se descubrió que hubo una confusión..., un intercambio. A partir de este hecho, Per Olov Enquist, para quien cada hombre lleva consigo la carga de un 'gemelo' desaparecido, escribe una novela que condensa la esencia de la literatura nórdica. Una voz enigmática, cargada de preguntas y recuerdos, fundamentalmente lírica y repetitiva como los sentimientos, intenta, con la ayuda del capitán Nemo como guía benefactor, saber quién es, encontrar el sentido de su vida.La biblioteca del capitán Nemo es una de las mejores novelas de este escritor, propuesto en numerosas ocasiones para el premio Nobel de Literatura, y, con ella, comenzaron su enorme éxito y su reconocimiento internacional. Per Olov Enquist Hjoggböle, 1934. Novelista, dramaturgo y crítico literario sueco. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Upsala, está considerado como el escritor sueco contemporáneo más importante. Escritor analítico, intelectual y experimental, describe contextos muy complejos de una manera esencial y pura. Ha sido galardonado con el Premio de Literatura del Consejo Nórdico de 1969 y propuesto varias veces al premio Nobel. Entre sus obras destacan: La visita del médico de cámara, La biblioteca del capitán Nemo y La partida de los músicos (esta última aparecerá próximamente en Nórdica Libros).

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: watermark
    Seitenzahl: 270
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788416112623
    Verlag: Nórdica Libros
    Größe: 535 kBytes
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La biblioteca del Capitán Nemo

IV

De niño, yo no tenía ni un solo libro, pero, tras el intercambio, a Johannes le dieron doce, y me regaló uno de ellos. Se trataba de La isla misteriosa .

Durante toda nuestra infancia aprendimos a interpretar pistas, y a comunicarnos con señales. La isla misteriosa era una de ellas. Solo había que interpretarla. Me llevó casi toda una vida, pero al final conseguí hacerlo.

Lo importante era el campamento de muerte del Benefactor. El Benefactor, que se hacía pasar por el capitán Nemo, tenía su último campamento en el interior del volcán Franklin. Disponía de tiempo para los colonos en la isla, los medio ciegos, los derrotados, los que casi no creían que eran seres humanos. El Hijo del Hombre constituía un modelo, pero nunca tenía tiempo. En el Benefactor se podía confiar.

Todo habría sido muy fácil, si yo lo hubiera comprendido desde el principio. Johannes me esperaría en la biblioteca del Nautilus . El capitán Nemo me guiaría. Y allí por fin podría sumar las cosas, abrir los depósitos de agua, y partir a remo.

La historia habla de Johannes y de Eeva-Lisa y de mí y de Alfild y de mamá en la casa verde. Pero no fue hasta que me encontré de nuevo con Johannes en la biblioteca del capitán Nemo cuando la comprendí.

Aconteció de la siguiente manera.

La isla Franklin se hallaba cerca de la costa de Nyland.

El capitán Nemo había dejado las indicaciones. Solo debía seguir el fino cable metálico mientras entraba por el túnel medio derruido que conducía al cráter del volcán.

Estaba escrito en el libro. Era sencillo.

El fino cable desaparecía en el agua. Junto a la roca amarré la barca, que golpeaba contra la montaña en el mar, como el pico de un pájaro, pero aunque me hubiera quedado allí para siempre ni siquiera un solo segundo de la eternidad habría transcurrido. Así era la condición humana ante Dios: Dios significaba la eternidad aterradora, pero la misión del ser humano consistía en aniquilar la montaña de la eternidad con su pico de pájaro, para poder alcanzar al Benefactor. De niño, así lo había entendido yo.

Algo duro y gigantesco que era Dios, y que se hacía llamar la eternidad. Y algo pequeño y tenaz que era el ser humano, con un pico de pájaro, y que una vez aniquilaría a Dios, la montaña negra en el mar. Resultaba increíble, casi imposible. Pero había que intentarlo. Y no sorprendía que un miserable ser humano necesitara la ayuda y la guía de un benefactor en esa desesperanzadora lucha contra Dios.

La marea alta cubría la entrada del túnel. Tuve que esperar. La marea bajaría, y la entrada al túnel quedaría libre.

Me hallaba sentado bajo el saliente de una roca. Caía lluvia, una tormenta apareció y desapareció, se hizo el silencio, y vi cómo el agua empezaba a bajar. Me dije que pronto iba a obtener una explicación de todo. No se puede explicar el amor. Pero si se puede aniquilar esa montaña en el mar que es Dios, y eso te convierte en ser humano, entonces, ¿por qué no se podría explicar el amor?

Volví a montar en la barca, y remando me encaminé hacia el interior del cráter del volcán.

La cueva se ensanchaba poco a poco. Al final pude verla en su totalidad.

La bóveda se alzaba hasta una altura de unos treinta metros. Se trataba de una cueva gigantesca, una enorme catedral subterránea con un techo que resplandecía en azul y blanco, intercalado con suaves tonos rojos y blancos; se elevaba en un enorme arco sobre el lago que cubría el suelo de la cueva: como penetrar en el interior de un ser humano.

En el vientre del hombre, allí era donde me encontraba. Como si me hallara en lo más profundo de mí mismo: contemplaba desde dentro el secreto más sencillo del misterio, donde siempre había estado, pero donde nunca te esperarías que estuviera.

El techo de la cueva parecía sostenido por pilares, decenas o quizá centenares de pilares casi idénticos, engen

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