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La sonrisa del estramonio von Núñez, D. J. (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 09.03.2015
  • Verlag: Ediciones Oblicuas
eBook (ePUB)
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La sonrisa del estramonio

Un agente retirado del Cuerpo Nacional de la Policía Científica se dedica en sus ratos libres a imaginar y escribir los finales de los casos que han quedado sin resolver. Esta novela no es más que el resultado de una de esas invenciones: Un joven vividor que subsiste gracias a sus audacias y encantos ve cumplidas todas sus expectativas en la vida al contraer matrimonio con Cayetana, la primogénita de una familia multimillonaria. A partir de ese momento se entrega a una existencia colmada de lujos que solo verá peligrar cuando inicia una relación adúltera con Amanda, una joven y atractiva universitaria de gran proyección académica. La sonrisa del estramonio es un thriller de indudable gusto estético, salpicado de ironía, humor y psicologismo.

D.J. Núñez, nacido durante la nochevieja de 1970 en Villafranca de los Barros, es Licenciado en Filología Inglesa. Viajero empedernido, es autor de numerosos artículos y relatos así como creador de "The flying bellota", blog de reflexiones noveladas sobre viajes. Con su primer relato breve, Aunque no puedo verla, sé que está sonriendo, obtiene el Primer Premio en el III Certamen de Relatos Cortos de Renfe y Altaïr de 2011. La sonrisa del estramonio es su primera novela.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: watermark
    Seitenzahl: 90
    Erscheinungsdatum: 09.03.2015
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788416341030
    Verlag: Ediciones Oblicuas
    Größe: 3495kBytes
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La sonrisa del estramonio

1. Una vereda siniestra

Había acudido a aquel lugar con el firme propósito de pecar.

Podría haber estado en cualquier otro lugar haciendo cualquier otra cosa decente. Pero no era el caso. Muy a mi pesar, se me había encomendado un objetivo bien definido: pecar, hacer el mal, errar gravemente, volver mis ojos hacia el averno, incorporarme sin condiciones al ejército de las tinieblas, alistarme y engrosar las numerosas, brutales, hediondas y oscuras hordas al servicio del ángel de los mil nombres.

Ahí estaba yo, sin un nombre, sin un pasado, plantado en pie, conversando con mis propios pensamientos a las puertas del restaurante, allá donde se dobla la última esquina, donde ya únicamente habita el viento y donde por fin el Tajo encuentra el mar.

Casi finalizada la cena, me había excusado un momento para fumar a solas un cigarrillo de cannabis afuera. Estaba tiritando, resignado, apoyado en un rincón oscuro bajo el voladizo del tejado, atrapado, soportando a duras penas el viento, la lluvia y el embiste de las olas al borde del pequeño muelle. Aturdido, entre bocanada y bocanada, repasaba mentalmente cuáles habían sido las macabras circunstancias que me habían llevado hasta aquel preciso momento, hasta aquel extraño lugar en aquella oscura noche de perros. Tal vez pudiera haber hecho algo más por evitarlo.

Por otra parte me encontraba bastante incómodo. Para colmo de los infortunios una espina malvada, larga y fina me había perforado el esófago y no dejaba de tragar y escupir sangre. Tenía un desagradable sabor metálico en la boca, un potente sabor a metal oxidado entre los dientes.

No sabía muy bien en qué momento, seguramente hacía años, se activó el resorte, el mecanismo arbitrario y caprichoso que hizo que las circunstancias se confabularan de tal manera para que me condujeran finalmente hasta aquel preciso momento.

Hasta no hacía mucho se creía que todo suceso era consecuencia directa de otro acontecimiento anterior y que el firmamento entero acababa desplegándose obedeciendo a un esquema ordenado, regido por leyes establecidas desde el origen de los tiempos. Sin embargo, había algo que no encajaba en este esquema ordenado. Un elemento fundamental, imprevisto, inaudito, singular, inesperado e incómodo. Sin duda había que contar con la simple y llana casualidad, con el aspecto rebelde de la materia, con la anarquía misma de las cosas. No se puede en absoluto obviar aquello que no tiene explicación, que no obedece a ninguna fórmula matemática, que no se pude predecir con cálculos ni con ninguna ley física, la parte aleatoria propia del nivel más básico que podemos encontrar en la naturaleza: el azar.

No en vano, la casualidad había sido mi compañera y el azar había guiado mi vida rocambolesca desde que era un niño, llevándome a empujones de un lado para otro, dando tumbos y bandazos por caminos inverosímiles. Pero cuando por fin parecía que había encontrado mi sitio en este mundo y me encontraba satisfecho y feliz, la suerte había vuelto a dar un traspié, un giro inesperado, un tropiezo inoportuno, un quiebro repentino de consecuencias impredecibles.

¿Cuál habría sido el desencadenante de aquella macabra situación? ¿Qué otra cosa sino el azar incierto habría movido los hilos y guiado los acontecimientos hasta conducirme en última instancia hasta aquel lúgubre lugar con aquellos oscuros propósitos?

Un goterón de lluvia apagó con un golpe violento la brasa del cigarrillo. Enseguida encendí otro.

Cayetana lo planeó todo hacía semanas. Fue precisamente idea suya la de elegir O Ponto Final para la terrible tarea que me tenía encomendada. Se trataba de un antiguo, secreto, coqueto y pequeño restaurante, perdido al otro lado del estuario. Se encontraba situado a unos veinte minutos a bordo de una barcaza vieja y oxidada que navegaba perezosa como un animal prehistórico, humeante e impuntual, desde la céntrica estación lisboeta de C

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