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Los viajes de Daniel Ascher von Lévy-Bertherat, Déborah (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 01.05.2016
  • Verlag: Alevosía
eBook (ePUB)
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Los viajes de Daniel Ascher

Una atractiva combinación entre La llave de Sarah y La ladrona de libros'. Publishers Weekly 'Los viajes de Daniel Ascher es un hermoso relato especular sobre la labor del escritor para reconstruir y reconstituir una vida'. Paris Culture 'La cautivadora escritura de Déborah Lévy-Bertherat nos recuerda la necesidad de dejarnos atrapar por las historias'. Kirkus Reviews 'Una novela rica en reflexiones sobre la identidad, la memoria y el poder de la ficción'. Le Figaro En los libros el final de una historia es siempre el comienzo de otra. Lo mismo ocurre en la vida. Cuando Hélène se muda a París para estudiar Arqueología, se instala en la buhardilla de su tío abuelo Daniel, un excéntrico trotamundos que, bajo el seudónimo de H. R. Sanders, publica con gran éxito las novelas de La Marca Negra. Cuando animada por su amigo Guillaume, fanático de la serie, la joven se asoma por curiosidad a esas historias, se dejará arrastrar a una aventura muy distinta que la llevará a descubrir en su pariente a un hombre roto, dividido entre dos identidades y prisionero de un amor imposible que se remonta a los tiempos de la Ocupación nazi.Mientras tanto, los lectores aguardan con impaciencia el vigesimocuarto volumen de la serie, que se rumorea será el último... Déborah Lévy-Bertherat vive en París, donde enseña Literatura Comparada en la École Normale Supérieure. Los viajes de Daniel Ascher es su primera novela.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: AdobeDRM
    Seitenzahl: 144
    Erscheinungsdatum: 01.05.2016
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788416413232
    Verlag: Alevosía
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Los viajes de Daniel Ascher

XIV

La abuela Guyon desteje

Los raíles desfilaban despacio, se cruzaban y se juntaban a medida que el tren se alejaba de la estación de Lyón, en los auriculares de su vecino crepitaba un ritmo de batería. Hélène abrió una carpeta de apuntes, Mosaicos bizantinos, técnicas de restauración, pero le resultaron aburridos. Su vecino se había quedado dormido antes de cruzar el Sena. Se sacó del bolso Robo en el Huerto de los fugitivos, en la portada Peter Ashley-Mill caminaba por la ciudad muerta, al fondo humeaba el Vesubio, solo quería hojearlo.

"Furto stranissimo all'Orto dei fuggiaschi". Este titular en el periódico local llama la atención de Peter mientras se toma un capuchino contemplando la bahía de Nápoles. Está de vacaciones en la pensión Miramare, el médico le ha mandado reposo. Acaba de ocurrir un robo muy extraño en Pompeya, en el huerto en el que decenas de víctimas quedaron atrapadas por las nubes ardientes. Han desaparecido dos reproducciones de cuerpos, los de una mujer y un niño. El artículo habla de complicidades probables, de día las excavaciones reciben muchos visitantes, de noche tienen vigilancia, esas reproducciones son voluminosas. Absorto en su lectura, Peter se lleva a la boca el azucarero en lugar de la taza, deja el periódico, se para a pensar un momento y se levanta. Sus vacaciones no habrán durado mucho.

La policía no está muy volcada en el caso, Peter explora Pompeya en busca de pistas, los Baños, el Mercado, la Villa de los misterios. Consigue fotos de las reproducciones robadas, la mujer tendida bocabajo, con los brazos doblados debajo del rostro, el niño acurrucado. Por qué habrán elegido los ladrones esos dos vaciados, quizá pensaban poder extraer las joyas atrapadas en el yeso. Al ampliar una fotografía de la investigación, Peter repara en una silueta en segundo plano. Utiliza también el viejo método de las cenizas, esparcidas una noche en el suelo de una de las salas de los archivos del Museo Arqueológico de Nápoles, que a la mañana siguiente revelan unas huellas de pasos.

Hélène se dio cuenta de pronto de que su vecino ya no estaba, el tren había dejado atrás Nevers, y retomó su lectura. Unos mensajes en latín firmados por "Octavius Quartio" en el libro de visitas del museo llevan a Ashley-Mill hasta el famoso vulcanólogo Jihap Ostrov, el que tantas veces ha anunciado catástrofes con su fuerte acento ruso. Sus vecinos de la isla de Ischia, en la que vive, no lo han vuelto a ver desde el robo. Peter consigue colarse en su casa e inspecciona todas las habitaciones. En una de ellas descubre una maleta extrañamente pesada. Levanta la tapa.

Estaba terminando el capítulo cuando el tren aminoró la velocidad, Señores viajeros, en unos instantes llegaremos a la estación de Moulins . Hélène tuvo el tiempo justo de prepararse para bajar.

Llegó a casa de su abuela a la hora de comer y, nada más terminar, cuando fue como siempre a buscar el álbum, Suzanne le dijo pero si esas fotografías te las sabes de memoria. Hacía tan solo diez meses que se había quedado viuda, Hélène imaginaba que la encontraría devastada aún por la tristeza, como el verano anterior. Pero ya desde la puerta de la casa la había visto casi rejuvenecida, vestida con un jersey nuevo de colores vivos y los ojos realzados por una delgada raya de maquillaje. Estaban solas, el resto de la familia no llegaría hasta el día siguiente. Durante el almuerzo, Suzanne le habló de sus ocupaciones, seguía con la escuela del hospital, el taichí, eso era nuevo, hasta le hizo una demostración en la cocina, empujo al tigre, agito las nubes, deja de reírte que me voy a dar un trastazo.También tenía proyectos, quería viajar, hacía tiempo que soñaba con ir a escuchar el canto de las ballenas en el estuario de Saint-Laurent, a Maurice no le gustaba viajar. Hélène se preguntó si no exageraba un poco para convencerla, o para convencerse a sí misma. ¿Podía u

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