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Más allá hay dragones von Álvarez, Vicente (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 10.06.2015
  • Verlag: Editorial Amarante
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Más allá hay dragones

Una joven actriz muerta hace treinta años, una organización muy poderosa encargada de borrar sus huellas, un secreto que mata a gente, una fiesta de strippers, unos poemas de Jim Morrison... Olga Tarilonte recibe casi a la vez dos encargos. Por un lado, un antiguo compañero de la policía le pide que investigue la desaparición de una chica que fue vista por última vez en una fiesta de strippers. Por otro, un multimillonario le encarga investigar la muerte de una actriz que presuntamente se suicidó lanzándose al vacío desde el balcón de su casa. Sucedió hace treinta años y, a pesar de que la joven actriz era bastante famosa y había rodado ya una veintena de películas, Tarilonte no tarda en descubrir que alguien se ha encargado de borrar todo rastro de su existencia. Es el principio de un particular descenso a los infiernos en el que la aguerrida Tarilonte se tendrá que introducir en mundos vinculados a la industria del porno y del crimen y en el que descubrirá el peligroso modo de actuar de una oscura organización a modo de servicio secreto vinculada al poder.

Vicente Álvarez de la Viuda Valladolid, 1963 Uno de los escritores de más reconocido talento en la narrativa española de principios de este siglo. Historiador del Arte además de diplomado en Teoría y Estética de la Cinematografía, Vicente Álvarez, además de un sin fin de relatos, es autor de las novelas: 'Pequeño catálogo de piratas y soledades' (Difácil. 1998), 'Boleros de Amsterdam' (Difácil. 2000), 'Arcimboldo Ballet' (Tesitex. 2001. Premio Manual Díaz Luis de novela), 'Génesis 1.32' (Nostrum. 2001. Premio de Novela Castilla La Mancha), 'El mercenario del Dux' (Destino. 2003. Premio Destino-Guión), 'El secreto del pirata' (Roca. 2005). 'Necronomicón Nazi' (Roca. 2007. Proclamada finalista del Memorial Silverio Cañada a la mejor primera novela negra publicada en el año 2007), 'El Tour de Francia y las magnolias del doctor Jeckyll' (La Discreta. 2009. Ganadora del I Certamen de Novela Corta Villa Colmenar Viejo), 'El asesino de Bécquer' (Edebé. 2010) A finales del mismo año 2012, Quarentena Ediciones publica 'Jethro Tull y el faro de Aqualung', primera biografía en español de la banda de rock Jethro Tull. Mantiene el blog 'El Faro de Aqualung' en las páginas digitales de El Norte de Castilla y, desde el año 2003, escribe una columna semanal en ese mismo periódico.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: none
    Seitenzahl: 382
    Erscheinungsdatum: 10.06.2015
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788494417900
    Verlag: Editorial Amarante
    Größe: 460 kBytes
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Más allá hay dragones

3

Todo había empezado el 15 de abril. Lo recuerdo perfectamente. Aquel día, Ariel Conceiro me regaló una primera edición de "La Cartuja de Parma". La dedicatoria que encabezaba la portada era significativa y enigmática a partes iguales:

Sthendal tardó 53 días en escribir La Cartuja de Parma .

¿Te puedes imaginar el resto...?

En una mañana de trabajo loco en la biblioteca, me comentó que estaba preparando un viaje a París. La Universidad Valle-Inclán había firmado un convenio con la Sorbona Nueva. Allí visitaría y trabajaría durante mes y medio en la Biblioteca Santa-Geneviève, en la Biblioteca Sainte-Barbe y en la Biblioteca Interuniversitaria de Lenguas Orientales. Me confesó, entusiasmado, que aprovecharía el viaje para visitar la prodigiosa colección de manuscritos del mítico bibliófilo Pierre Bers. Iba, además, con el encargo de un cliente muy poderoso y adinerado de pujar por alguno de los manuscritos. En realidad, Ariel Conceiro sólo tenía ojos, así lo exteriorizó aquella mañana, para un manuscrito de Stendhal de "La Cartuja de Parma".

Me acuerdo como si fuese ayer.

En realidad, han pasado 53 días.

Justo 53 días.

Jodida casualidad.

Recuerdo también que Ariel me preguntó si trabajaba en algo.

"Precisamente esta tarde me ha citado Simón L'Hereux i Podestá".

Ariel abrió los ojos de forma desmesurada. Luego sonrió.

"Olguita, te empiezas a mover por zona bacana. Cuidado con la biyuyera".

Eran alrededor de las seis y cruzaba con mi escarabajo beige luna el trapecio violeta de la tarde. Llevaba mis vaqueros negros roccobarocco, unas botas de tacón bajo, una camiseta blanca de tirantes y mi cazadora de cuero. Parecía una mujer seria y responsable. Había huido de todas mis camisetas con mensajes provocativos aunque no tenía pensado quitarme la cazadora. Debía de dar una buena impresión. No todos los días se tiene la oportunidad de visitar la mansión del todopoderoso Simón L'Hereux i Podestá.

El palacio estaba a las afueras de Berlai, unos cuatro kilómetros más allá del Cerro de San Cristóbal que tantos recuerdos me traía. Seguí las indicaciones que me habían dado, me interné por unos caminos privados atestados de viñas y, finalmente, desemboqué en una explanada que ofrecía, en primer plano, el majestuoso perfil de una mansión decimonónica, con decenas de ventanas, dos torres laterales y un aparatoso atrio. Aparqué el vochito cerca de la puerta principal. Casi al lado, un tipo de uniforme lavaba un Rolls Royce. Un Mercedes y un par de deportivos aguardaban su turno.

Durante un instante, dejó su tarea y me miró de arriba abajo sin ningún disimulo.

"Buenas tardes", dije ofreciéndole la mejor de mis sonrisas, mientras pulsaba el timbre de la puerta, justo al lado de una placa de oro en la que se leía L'HEREUX.

Una estatua griega de una joven desnuda me acompañó durante la espera.

"Soy Olga Tarilonte. El señor L'Hereux me está esperando".

El mayordomo me condujo por un pasillo repleto de armaduras medievales y me hizo pasar a una sala tapizada de rojo.

"Le diré al señor que le está esperando", dijo el mayordomo, un tipo que había dejado atrás los sesenta años y delante, muy delante, en un lugar inalcanzable ya, el desenfado y la jovialidad.

La sala roja era un teatro de bambalinas con arterias y corazón de jade. Al menos así me lo pareció. Estaba repleta de cuadros, tapices y espejos. Todo resultaba extremadamente recargado. Una larga mesa, con sus platos, cubiertos y candelabros, parecía aguardar la llegada de invitados especiales. Mientras esperaba, me entretuve mirando las infinitas lágrimas que adornaban una inmensa lámpara de cristales de Murano y un cuadro con un churrigueresco marco.

Se trataba del todopoderoso Simón L'Hereux i Podestá, al que estaba a punto de conocer en persona.

Ya entonces,

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