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No soy así Y otros cuentos von Askildsen, Kjell (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 24.09.2018
  • Verlag: Nórdica Libros
eBook (ePUB)
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No soy así

Askildsen es un escritor preciso y sobrio que busca con obsesión la palabra exacta, y por eso su obra es tan breve. Solo escribe cuando tiene algo que contar. Este libro reúne todos los cuentos escritos por el genial escritor noruego entre 1953 y 1996. La angustia y el anhelo de felicidad del ser humano están presentes en estos relatos. Askildsen afirma que desea crear desasosiego, 'no me gusta un relato que no crea desasosiego', y lo consigue a través de sus personajes, seres normales y a menudo solitarios. Las relaciones familiares y las parejas, el tedio y la rutina, son algunos de los elementos recurrentes en estos impactantes textos, auténticas obras maestras del género. AUTOR Askildsen, Kjell. (Mandal, Noruega, 1929).Es uno de los grandes maestros actuales del relato breve. Su primer libro, Heretter følger jeg deg helt hjem (Desde ahora te acompañaré a casa), publicado en 1953, fue aclamado por la crítica, y al tiempo prohibido por 'inmoral' en la biblioteca pública de su ciudad natal, debido a su alto contenido sexual. Askildsen es un escritor reconocido mundialmente y traducido a cerca de veinte lenguas.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: AdobeDRM
    Seitenzahl: 320
    Erscheinungsdatum: 24.09.2018
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788417281861
    Verlag: Nórdica Libros
    Größe: 2795 kBytes
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No soy así

A PARTIR DE AHORA TE ACOMPAÑARÉ HASTA TU CASA

-T ampoco te esmeras mucho con los deberes, sales corriendo en cuanto acabas de comer. Por cierto, ¿qué haces en el bosque?

-Pasear, ya te lo he dicho.

-¿Mirando los árboles y escuchando los pájaros?

-¿Y qué tiene eso de malo?

-¿Estás seguro de que eso es lo único que haces?

-¿Qué iba a hacer si no?

-Eso lo sabrás tú mejor que nadie. Y además, no deberías estar siempre solo. Vas a volverte loco.

-¡Entonces deja que me vuelva loco!

-¡No emplees ese tono con tu madre!

-¡Entonces deja que me vuelva loco!

-¡Ten mucho cuidado! -Ella se acercó. Él permaneció quieto. La madre le dio una bofetada en la cara. Él ni se movió.

-Si vuelves a pegarme, blasfemaré -dijo él.

-¡No lo harás! -dijo ella y le dio otra bofetada.

-Hostia -dijo él-. Me cago en la hostia. -Lo dijo del modo más tranquilo posible. Luego notó que le salía el llanto, un llanto de rabia, se dio la vuelta y salió disparado. Siguió corriendo cuando se encontraba ya en la calle. No porque tuviera prisa, sino porque la rabia también tenía algo que ver con sus piernas. Me cago en la hostia, pensó mientras corría.

Cuando por fin había dejado atrás las casas y tenía el bosque y el páramo delante, aflojó el paso. Miró el reloj de pulsera que le habían regalado por su decimosexto cumpleaños, iba bien de tiempo. Se merece que me vuelva loco, pensó. Algún día se lo diré. Le diré: Te mereces que me vuelva loco, porque no entiendes nada. No haces más que agobiarme todo el tiempo sin entender nada.

Siguió el sendero bosque adentro. La luz solar caía oblicua entre los troncos. Al ver eso se dijo a sí mismo que pensándolo bien el bosque es casi más bonito cuando el sol no brilla. Cuando llueve es cuando es más bonito. Notó por dentro un cosquilleo de felicidad, porque nunca había pensado en eso. El sol tiene la capacidad de engañar, pensó, y sacó un cuaderno del bolsillo. Entre las páginas había un trozo de lápiz, se detuvo y escribió: El sol tiene la capacidad de engañar. Así me acordaré, pensó, luego volvió a guardarse el cuaderno en el bolsillo y se sintió feliz. Realmente feliz.

Llegó a su destino, se sentó en una piedra y pensó: Si ella no viene hoy, no es porque haya mentido a mi madre. Ni porque haya decidido hacer lo que nunca hasta ahora me he atrevido. Si no viene, es porque le han mandado hacer algo y no puede venir.

Volvió a sacar el cuaderno. Lo abrió y leyó en voz alta las cosas que había estado pensando en el transcurso del día. "Como chasquidos voluptuosos sus oraciones subieron hacia un Dios imaginario". "Un cenador en el jardín solo para el placer". "La chica tiene piernas que suben más allá del borde de la falda". Cerró el cuaderno, y sonrió para sus adentros. Algún día, pensó, algún día...

Entonces llegó ella corriendo. Unas veces era rubia y otras morena, según las sombras y la luz solar que caían sobre ella. Llevaba una blusa amarilla y unos pantalones marrones.

-Me alegro de que hayas venido -dijo él, y ella se sentó a su lado.

-Claro que he venido -contestó ella-. Siempre vengo. ¿Me has echado de menos hoy?

-Sí.

-He venido corriendo casi todo el camino.

Él le puso una mano en el hombro. Ella volvió la cara hacia él, y sus ojos grises le sonrieron antes de cerrarse. Me lo pone muy fácil, pensó él, mientras la besaba.

-Vayamos al sitio donde estuvimos ayer -dijo.

-¿Qué vamos a hacer allí? -preguntó ella sonriendo.

-Ya veremos.

-Dímelo, ¿qué vamos a hacer?

-Lo mismo que ayer.

-Vale.

Siguieron el camino que se adentraba en el bosque. Iban cogidos de la mano, y cuando dejaron el sendero y empezaron a andar por el brezo, ella dijo que en clase de alemán había estado pensando que no solo son los años los que deciden la edad que tienes. Es verdad, dijo él. Y luego pensé que te dirí

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