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Pasión Y Muerte De La Señorita Salus von Juana, Pedro Sevylla De (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 01.12.2014
  • Verlag: Editorial Bubok Publishing
eBook (ePUB)
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Pasión Y Muerte De La Señorita Salus

La tercera edición de Pasión y muerte de la señorita Salus, novela galardonada con el premio internacional Mario Vargas Llosa entre 368 originales de todo el mundo, introduce elementos nuevos con los que alcanza su plenitud. En ella, Pedro Sevylla de Juana analiza los conflictos internos de la protagonista, la lucha encarnizada entre la verdad y la apariencia, lo divino y lo humano, el pasado que lastra el avance del presente y el futuro que no acaba de llegar. Experimentado creador de personajes femeninos, el autor da vida a una mujer rodeada de peligros, que se enfrenta cada día a sus contradicciones. El cauce que conduce la peripecia se abre en la sociedad rural, dueña de una cultura muy rica; se adentra en la urbana, absorbente; las mezcla, y los personajes participan de ambas, enriqueciéndose. La pasión de Salus alcanza su culminación en la muerte, puerta de entrada a un espacio hermético. La amistad, la humillación, el orgullo, la soledad, los celos, el deseo, la venganza y varias facetas del amor, se dan cita en estas páginas. Original, llena de fuerza y de fácil lectura, estamos ante una narración poco común, que deja en el lector un apreciable sedimento.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: watermark
    Seitenzahl: 208
    Erscheinungsdatum: 01.12.2014
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788468607894
    Verlag: Editorial Bubok Publishing
    Größe: 1132kBytes
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Pasión Y Muerte De La Señorita Salus

Primera caída

En la mañana luminosa del domingo, la señorita Salus decidió caminar hasta el mercado de viejo desplegado en el vecino barrio de Tetuán. Suele llegarse a él, más que nada por curiosear; única licencia que ha decidido permitirse, pues le atribuye una clara función terapéutica. Una curiosidad sana, como la suya, perfora una zarcera por donde se renueva el aire de la bodega angosta en que se ha convertido su mente. Se levantó animosa y preparó un vaso de leche bien cumplido; lo introdujo en el horno buscando elevar la temperatura unos cuantos grados, y mientras lo observaba girar, blanco como una conciencia sin mácula, advirtió que la tibieza configura su obsesión: ni calor ni frío pretende. No se ciñe la búsqueda del equilibrio al presente punto de los alimentos, que pudiera ser saludable, sino que invade todos los órdenes de la conducta. Vive huyendo de los extremos, convencida de que en el medio reside la virtud tan perseguida. Y puede hallarse en un error; instintivo, involuntario, ciertamente. Tal vez, en algún momento de un futuro impreciso, habrá de arremeter contra la ponderación disponiendo de todas sus fuerzas, tratando de llegar hasta el confín bueno, extremo de la virtud íntegra.

Su director espiritual le acusaba de moderada en la fe, de indecisa en las relaciones con Dios; pero está convencida de que un día vendrá distinto y fijará el renovado espíritu a su comportamiento. De esta manera se lo prometió al sacerdote, él lo vería:

-Llegará la muda en cualquier momento, y será el tiempo del fervor verdadero, encendido de pasión. Bendice mi alma la inmensa obra desarrollada y su firme devenir, enfilado en un sentido que todavía no alcanzo a comprender. Llegará sin tregua la transformación y entonces saltaré la barrera que aún es obstáculo, y me entregaré sin condición alguna; pues sospecho que, ciertamente, las medias tintas no valen con el Redentor.

-Amén -alcanzó a decir el sacerdote acosado por tal vehemencia orgullosa; y desvió su ataque hacia la soberbia, que mostraba el hocico feroz por entre las preciosas palabras- amén, hija mía, mas ten en cuenta que la vanidad es un perro rabioso que devora a su propio dueño. No olvides que sin el Señor somos el barro de que se sirvió para formarnos, la nada de que hizo el barro.

Mientras resolvía acelerar el proceso de entrega, tomó Salus pequeños sorbos del albo líquido a medio cocer, y rechazó, por escrúpulo de gula, una insípida mantecada industrial, distinta a las tantas veces recordadas en memoria procedente de la infancia. Cortando el hilo de su pensamiento, se le hicieron presente las mantecadas y rosquillas elaboradas por su abuela en la panadería del señor Gildos. Horno de leña que ardía a trechos -infierno humanizado por un imposible Lucifer doméstico- lanzando amenazadoras llamaradas y liberando aromas de roble y tomillo, de los que se beneficiaban las calles adyacentes. El pueblo de su memoria es Encinas de Esgueva, lugar donde tiene raíces tan profundas que ni el recuerdo de los más ancianos, ni el testimonio de los documentos alcanzan a ver: padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos; y otros más lejanos, dueños de sus mismos ojos y un andar parejo; hasta llegar a Noé y al mismísimo Adán.

De esa manera, tan animosa como se había levantado, con un vestido gris perla muy apropiado para su edad, se dirigió a la calle. Para hacer tiempo quiso recorrer previamente la Plaza de Castilla, ya que los puestos no terminan de formarse antes de las diez. Aunque, bien mirado, resulta entretenido presenciar el tejemaneje que se traen los propietarios al montar las mesas y los techos protectores. Barras de soporte, fundas y cubiertas; mercaderías variopintas extraídas de furgonetas que parecen chisteras mágicas, cuevas de Alí Babá. Exhiben habilidades asombrosas: precisión, celeridad, economía de gestos, hijas, sin duda, del reiterado ejercicio. Dio Salus la vuelta, y to

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