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Remando, como un solo hombre La historia del equipo de remo que humilló a Hitler von James Brown, Daniel (eBook)

  • Verlag: Nórdica Libros
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Remando, como un solo hombre

Es esta una fascinante historia de perseverancia, superación individual y espíritu de equipo Con orígenes en la Depresión norteamericana y a pocos años de la Segunda Guerra Mundial, Daniel James Brown narra la epopeya del equipo de ocho remeros y su timonel de la Universidad de Washington, y su épica misión de ganar la medalla de oro en 1936 en los Juegos Olímpicos del Berlín de Hitler. El equipo de remo estadounidense que sorprendió al mundo y que transformó este deporte atrajo la atención de millones de personas. Fue una misión improbable desde el principio. Con un equipo compuesto por hijos de madereros, trabajadores de los astilleros y agricultores, el equipo de la Universidad de Washington no esperaba poder derrotar a los equipos de élite de la costa este y Gran Bretaña; sin embargo lo hizo, y llegó a sorprender al mundo al derrotar al equipo alemán de remo de Adolf Hitler. Partiendo de los propios diarios de los chicos y de los vívidos recuerdos de un sueño, Brown ha creado el retrato inolvidable de una era, una celebración de un logro notable y una crónica de búsqueda personal a través de la visión de uno de estos jóvenes extraordinarios.

Daniel James Brown (California, 1951). Profesor de literatura comparada y escritor estadounidense de libros de no ficción. Su primer libro, Under a Flaming Sky, The Great Hinckley Firestorm of 1894 (2006), traza las historias personales y las causas sociales, económicas y ambientales de la de la tragedia en la que se quemó una superficie de hasta 250.000 acres (1.000 kilómetros cuadrados), incluyendo la ciudad de Hinckley, Minnesota. El fuego mató a cientos de personas, incluyendo el bisabuelo de Brown. Su segundo libro,The Indifferent Stars Above, The Harrowing Saga of a Donner Party Bride (2009), relata los pasos de Sarah Graves, una joven que dejó su casa en Illinois en la primavera de 1846 con destino a California. Sarah fue miembro del Donner Party, un grupo de pioneros americanos que se dirigió a California en un vagón de tren. Retrasados por una serie de contratiempos, pasaron el invierno de 1846 a 1847 por la nieve en Sierra Nevada. Algunos de los migrantes recurrieron al canibalismo para sobrevivir. El último libro de Brown, Remando como un solo hombre, la historia del equipo de remo que humilló a Hitler (2013), narra la epopeya del equipo de ocho remeros de clase trabajadora que conquistó el oro en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: watermark
    Seitenzahl: 450
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9788416440405
    Verlag: Nórdica Libros
    Größe: 3713kBytes
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Remando, como un solo hombre

Capítulo I

"Al haber remado desde la tierna edad de doce años y al no haber abandonado el mundo del remo desde entonces, creo que puedo hablar con autoridad sobre lo que podemos llamar los valores escondidos del remo -los valores sociales, morales y espirituales de este deporte, el más antiguo del que tenemos noticia-. Ninguna clase magistral inculcará estos valores en el alma de los jóvenes. Tienen que adquirirlos a través de sus propias observaciones y de su aprendizaje".

George Yeoman Pocock

E l 9 de octubre de 1933 Seattle amaneció encapotado. Un día gris en una época gris.

En los muelles, los hidroaviones de la Gorst Air Transport se elevaban lentamente por encima del estrecho de Puget y pasaban zumbando hacia el oeste a poca altura, por debajo del manto de nubes, empezando sus vuelos cortos al astillero de Bremerton. Los transbordadores se alejaban del Colman Dock sobre un agua tan plana y apagada como el peltre viejo. En el centro de la ciudad, el edificio Smith apuntaba al cielo sombrío como un dedo levantado. En las calles a los pies del edificio, hombres con americanas raídas, zapatos desgastados y sombreros de fieltro magullados empujaban carretillas de madera hasta las esquinas donde iban a pasar el día vendiendo manzanas, naranjas y paquetes de chicles por unos cuantos peniques. A la vuelta de la esquina, en la pendiente pronunciada de Yesler Way, la antigua zona deprimida de Seattle, más hombres guardaban largas colas, con la cabeza gacha, mirando la acera mojada y hablando en voz baja entre ellos mientras esperaban que abrieran los comedores de beneficencia. Los camiones del Seattle Post-Intelligencer traqueteaban por las calles adoquinadas y arrojaban paquetes de periódicos. Los chavales tocados con gorras de lana que los vendían arrastraban los paquetes hasta los cruces transitados, las paradas de tranvía y las entradas de los hoteles, donde sostenían los diarios en alto y los ofrecían a dos centavos la copia, voceando el titular del día: "La ayuda del Gobierno llegará a quince millones de personas".

Hooverville (Seattle)

Unas cuantas manzanas al sur de Yesler, en un barrio de chabolas que se extendía por la orilla de la bahía de Elliott, los niños se despertaban dentro de cajas de cartón húmedas que hacían las veces de camas. Sus padres salían de casuchas de cinc y tela asfáltica, y les invadía el hedor de aguas residuales y algas en descomposición procedente de las marismas que quedaban al oeste. Desmontaban cajas de madera, se agachaban ante brasas humeantes y las reavivaban. Levantaban la vista al cielo gris y uniforme y, al ver señales de que iba a llegar mucho más frío, se preguntaban cómo se las apañarían un invierno más.

Al noroeste del centro, en el viejo barrio escandinavo de Ballard, los remolcadores soltaban nubes de humo negro mientras metían largas armadías de troncos en la esclusa, que las elevaba hasta el nivel del lago Washington. Sin embargo, en buena parte de los astilleros apiñados alrededor de las esclusas, reinaba el silencio y, de hecho, estaban casi abandonados. En la bahía de Salmon, un poco más hacia el este, docenas de barcos pesqueros, que llevaban meses sin faenar, cabeceaban en los amarres, y la pintura se desconchaba de los cascos desgastados. En el barrio de Phinney Ridge, que se yergue ante Ballard, el humo de la leña subía de las estufas y chimeneas de cientos de casas modestas y se disipaba en la neblina asentada más arriba.

Era el cuarto año de la Gran Depresión. Uno de cada cuatro estadounidenses en edad laboral -diez millones de personas- no tenía trabajo ni ninguna perspectiva de encontrarlo, y solo una cuarta parte recibía algún tipo de ayuda. En esos cuatro años, la producción industrial se había desplomado a la mitad. Como mínimo, un millón de personas, y quizá incluso dos, no tenían casa y vivían en la calle o en barrios de chabolas, como Hoo

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