text.skipToContent text.skipToNavigation
background-image

Tira pa'lante Desde una patata del sofa hasta un hombre de hierro von Gubler, Lukas (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 07.06.2016
  • Verlag: Books on Demand
eBook (ePUB)
9,99 €
inkl. gesetzl. MwSt.
Sofort per Download lieferbar

Online verfügbar

Tira pa'lante

Mi nombre es Lukas. Desde mi herencia; soy suizo, lo que significa que no hablo perfecto español y también tengo un acento típico suizo. Así hablo y así escribo. Las siguientes líneas, por lo tanto, escribo como suelo hablar y como en consecuencia suelo escribirlas. Lo quería de esa manera. Quería dar la impresión de que te cuento una historia. Imagínate sólo que oyes la siguiente historia de mi boca. Espero que lo disfrutes.

Lukas Gubler 3x Campeon regional de triatlón GGEE 3x Campeon regional de duatlón GGEE 2x Campeon de España triatlón de larga distancia GGEE 9x finisher en Ironman 1x finisher Ironman World Championship Kona Hawaii 1x finisher Marathon des Sables

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: watermark
    Seitenzahl: 280
    Erscheinungsdatum: 07.06.2016
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9783741256820
    Verlag: Books on Demand
    Größe: 424 kBytes
Weiterlesen weniger lesen

Tira pa'lante

Ciclismo

Er una mañana cálida de otoño. El mar estaba caliente, el cielo chapado. Ya temprano la mañana cubría las laderas resecas un azul profundo. Una suave brisa soplaba. Me despedí de Gitty. Lindberg, que se levanta de su "Spirit of San Luis". Justo en frente del garaje, el sendero baja bastante inclinado cuesta abajo. Fueron los primeros metros en una bicicleta desde mi más tierna infancia, y luego cuesta abajo en esta velocidad de vértigo. ¿Y dónde estaba el freno trasero? Al poco rato, justo antes donde se convierte el camino en la carretera principal, chilló la rueda trasera. Yo había tomado la decisión correcta. Justo a tiempo antes de entrar a la calle principal de Calabardina, he logrado parar la bici. La suerte del principiante. Incluso el reinicio en esa carretera más amplia y entre un tráfico mucho más denso, se me hizo bastante exitoso, a pesar de que ahí iba cuesta arriba. La subida, desde un punto de vista ctual, sería bastante suave. En ese momento era violenta y metí una marcha gorda y subí poderosamente hacia arriba. Por encima de la cúpula podía dejar colgar mis piernas cansadas unos breves momentos. El tiempo justo para recuperar fuerzas en el descenso. Luego, a tumba abierta hacia abajo. Demostrando lo fuerte que uno es. Bueno, me faltaba bastante la práctica con los cambios; por un lado hacia arriba, y por otro por abajo, a veces se giran los pies a una velocidad tremenda como en una secadora, a veces crujen las rodillas en las cuestas arribas.

Si hasta aquí tan sólo era una suave brisa que soplaba desde la tierra, a partir de ahí se ha convertido en un fuerte viento salado desde el mar que rozó mi cara. Iba todo el rato a lo largo de la costa, llano, tranquilo, dándome el tiempo suficiente para familiarizarme con la tecnología de los cambios. Después de cinco fuerte kilómetros, el camino condujo a través del pequeño pueblo de Calabardina. Al paso rápido ofrecí a la audiencia dispersa un impresionante sprint, pero tuvo que constar que el público se mostró poco interesado en mis alturas deportivos. A la salida del pueblo, el camino empezó a subir cuesta arriba de nuevo. Y de qué manera! Mis piernas ya habían perdido parte del impulso inicial, y daban una sensación de pesadez y grosor. Pero a final de una subida de unos diez metros, un magnífico pino anunció el final de esa prueba, y la calle siguió bastante plana a través de un pastizal reseco hacia la Torre de Cope, una fortaleza del siglo 18, que desafía en una costa accidentada. Allí me bajé de la bici. De hecho, me dejé caer. Mi pierna pesada, a pesar de mi impulso impresionante, se negó a volar por encima del sillín, se atascó en él y me puso ferozmente en el suelo. Me senté en una piedra grande. Más de siete kilómetros y todos de un sólo tirón. ¡Respeto! Y casi sin temor al largo camino de regreso.

Lo logré. No recuerdo exactamente cómo, pero llegué a casa. Luego, un poco más tarde en la ducha un legítimo orgullo comenzó a invadir mis miembros. Una experiencia de un cosquilleo satisfactorio. No hay duda; Yo estaba en el camino para hacerme ciclista. Estaba decidido a continuar al día siguiente.

No siempre mi entusiasmo inicial estaba beneficiado con los frutos del éxito que prometían. Para mi pesar he tenido la mala reputación de no terminar con todas la obras que había empezado. Una persona entusiasta con resortes en sus venas pone más peso en la cosa misma, que en su terminación. Historia que se repitió en mi breve pero intensa carrera de acróbata.

Impulsado por mi equilibrio bien desarrollado, compré entonces, barras de hierro, cuerda de alambre, ganchos, pinzas y todo lo que el acróbata tanto necesita. Cavé agujeros profundos en nuestro pequeño jardín, donde fijé bien los dos extremos de un cable de acero. En medio de la cuerda puse los soportes, previsto para sostener la cuerda a una altura de unos dos metros y una vez que el hormigón se había endu

Weiterlesen weniger lesen

Kundenbewertungen