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Me aconsejan que lo lleve al logopeda von Anacleto, Nadira (eBook)

  • Erscheinungsdatum: 15.07.2016
  • Verlag: Parkstone-International
eBook (ePUB)
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Me aconsejan que lo lleve al logopeda

¿Su hijo cecea un poco, tartamudea, le cuesta aprender a leer, escribe mal, tiene dificultad con las matemáticas, comete muchas faltas de ortografía...? ¿Cree que puede ser disléxico? Por lo general, con un poco de paciencia, todo se arregla al cabo de unos meses. Sin embargo, en algunos casos existe un problema real. Ante esta situación es posible que el profesor de su hijo, o usted mismo, se haya planteado si debería examinarlo un logopeda. Esta obra tiene como objetivo ayudarle a distinguir entre los casos de inmadurez y los que suponen un verdadero retraso. Para ello, este manual presenta los problemas más frecuentes, proporciona recursos para que pueda ayudar a su hijo en casa e indica cuál es el momento idóneo para acudir a un especialista.

Produktinformationen

    Format: ePUB
    Kopierschutz: AdobeDRM
    Seitenzahl: 83
    Erscheinungsdatum: 15.07.2016
    Sprache: Spanisch
    ISBN: 9781683251248
    Verlag: Parkstone-International
    Größe: 549kBytes
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Me aconsejan que lo lleve al logopeda

Capítulo 1
¿Cómo le llega la palabra al niño?

La primera infancia es el periodo de las primeras veces: la primera mirada, la primera sonrisa y los primeros balbuceos. Y, de pronto, un día llega la tan esperada palabra. Seguro que lo recuerda: así, sin avisar, el bebé soltó papapa y usted reconoció inmediatamente papá. ¡Menudo regalo de parte de este pequeño de poco más de un año!

Ya en la barriga...

Mucho antes de nacer, el bebé empieza a preparar su oído, así como los órganos que necesitará para comunicarse más tarde mediante la palabra: mueve los labios, traga y expulsa líquido amniótico como lo hará más tarde con el aire, y puede que, incluso, se chupe el dedo. Además, se mueve dentro de la barriga de su madre, y esta interpreta sus sensaciones: "Está muy nervioso esta noche, he debido de tomar demasiado café", o bien: "Está tranquilo, estoy segura de que le gusta la música clásica", o: "¡No para de dar patadas, será tan agotador como lo fue el mayor!". En una palabra, la madre ya lo hace existir en su imaginación, aunque, cuando nazca, tendrá que adaptarse a como realmente es. El bebé oye, sobre todo, la voz materna -por resonancia- y las voces familiares, como la de su padre, así como los ruidos del ambiente: la televisión, los ruidos de máquinas... Por la noche: reposo, calma total. El bebé percibe esas alternancias, asociadas a sus movimientos y a sus humores fluctuantes, de forma global. En realidad, esto es lo que suponemos, pues estamos muy lejos de saberlo todo sobre lo que ocurre dentro del útero, especialmente en lo que respecta a lo que el niño puede captar del exterior.

Comunicación al aire libre

Cuando nace, el niño respira y grita, levanta la voz en cuanto se presenta ante el mundo. Según el caso, se tratará de una futura soprano o de un bebé discreto y tranquilo. Algunos gritan durante todo el día, y dejan exhaustos a sus padres, que se preocupan y se preguntan por qué lloran. Se trata de un inicio de comunicación al que sus padres intentan responder. Se preguntan: "¿Hemos entendido bien su mensaje?". Las necesidades del niño giran esencialmente en torno a la alimentación y el descanso. Pero muy pronto empieza a expresar también sus estados de ánimo: siente la necesidad irrefrenable de recibir cariño en los brazos de sus padres, se siente melancólico cuando anochece, o bien tiene una pequeña pesadilla nocturna, o se enfada si el biberón se retrasa, etc. Observamos que la comunicación parte de la satisfacción de las necesidades vitales, o de la falta de esta, y el bebé sonreirá o hará una mueca para orientarnos: ¡se está comunicando!

Recapitulemos. El bebé respira: "es la respiración la que permite el habla". Grita, balbucea y se calla: es la alternancia entre el silencio y la palabra la que inicia la comunicación. Usted intenta comprender, intercambia con él miradas llenas de intensidad: los intercambios visuales y auditivos del diálogo se ponen en marcha. Él le responde sonriendo, contoneándose, gritando con toda su fuerza o arqueándose en sus brazos: intenta hacerse comprender con las posturas de su cuerpo, con su voz y con sus gestos. ¡Ya sólo le falta hablar! Entre los dos y los cinco meses, se estrena con vocalizaciones, a las que usted contesta espontáneamente. Y un día se pone a reír, confirmando que ha entrado en la comunidad de los seres humanos. Por lo general, entre los cuatro y los seis meses, empieza a balbucear, lo cual es algo más elaborado. De hecho, sólo retiene los sonidos de su lengua materna: el niño no necesita aprender la [r] gutural francesa si su madre no es francesa. Capta los ritmos, los acentos y las tonalidades de su lengua, ya se trate del dialecto piamontés o de la lengua tamul. Así pues, el niño debe entrenar

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